Editorial 643: Cataclismos
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Amados lectores y hermanos: que el amor, la gracia y la sabiduría de lo Alto, dadas por Jesucristo estén en su espíritu completamente, amén.
En esta parte del año en curso, 2026, se ha sabido de diversos fenómenos naturales fuertes: dos terremotos en Venezuela, un terremoto en Colombia, otro más en Indonesia, uno más en Costa Rica, uno más en Perú y la avalancha en Nepal son acontecimientos que los simples dicen que es obra del calentamiento global, otros que es el fin del mundo y los más necios que es karma negativo.
Pero en algunos territorios, se celebraban fiestas paganas e idólatras, en otros los pueblos no han dado buen testimonio ante el Dios Vivo y en otros es mera naturaleza en acción No nos toca explicar al detalle, porque es necesario que por el Espíritu Santo podamos tener la visión de analizar y sopesar estas ocurrencias fuertes y poderosas de la Tierra sobre los hombres.
Lo que sí se puede afirmar es que muy pocos analizan esto conforme al Espíritu y casi todos conforme a la carne, por eso es que unos están muertos espiritualmente, otros duermen en el letargo de su soberbia y solo algunos meditan en el Señor sobre los tiempos.
Además, prueba el hecho que el espíritu de profecía convertido en don del cielo a nosotros los hijos de Dios dispersos en todo el orbe por la gracia del Señor Jesucristo y aplicado por el Espíritu Santo en aquellos dignos son muy pocos. ¿Acaso hay profetas en las congregaciones donde puedan desvelar estos eventos antes de que estos aparezcan? ¿Invocan al Señor Jesucristo para que sean dotados de palabra de advertencia y salvación antes de que la calamidad aparezca? No.
¿Y por qué no? Porque no tienen fe muchos hermanos. Algunos sostienen que tales profetas murieron en los tiempos de Pablo, porque también el apóstol Pablo tuvo ese don. Otros incluso se atreven a decir que solo fue antes de Cristo y unos simplemente no creen que se pueda tener esa unción y distinción. Pero si estas falacias fueran verdad, ¿por qué el mismo apóstol por el Espíritu nos dice que procuremos el don de la profecía? Pues precisamente, para derrotar a este falso pensar en las congregaciones. Esto no es un misterio ni el hilo negro por descubrir, es una grave desatención a lo escrito por el mismo Espíritu.
Amados hermanos, cuando leamos la Escritura, no es solamente para leer y memorizar, es leer para creer lo que Dios puede hacer: lo que el Padre nos da por amor; lo que nuestro amado Señor Jesús nos otorga por el poder de su palabra y autoridad y lo que el Espíritu es capaz de hacer en nuestro espectro temporal. Confiemos, oremos, trabajemos duro para que haya dignos en nuestras congregaciones, a fin de ser heraldos de la misericordia y juicio, promulgadores de la verdad y el poder y anunciadores de la magnificencia de Dios en esta etapa.
Que la sabiduría, el amor, la gracia, la paz y la inteligencia de nuestro Señor Jesucristo sobreabunde en aquellos que lo necesitan, amén.

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