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El desarrollo espiritual de un creyente

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 24 horas
  • 3 Min. de lectura

Amados hermanos nuestros: que la paz, amor y gracia del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu rebosante, amén. 

Pues estamos gozosos, hermanos nuestros, porque nuestro Padre es grande y maravilloso y si de algo se ha encargado desde que diseñó Su plan de salvación para el Hombre ha sido en tener todos los puntos cubiertos para que de ninguna manera el hombre, una vez ha creído en Cristo, pierda su salvación y tenga derecho a disfrutar la compañía del Dios Vivo en la eternidad.

Muchos perversos pululan en la sociedad mintiendo cuando declaran que la salvación no es completa, total y perfecta. Con sus mandamientos y falsas doctrinas estipulan que con ciertos ritos, letanías y desembolsos se alcanza alguna chance de alcanzar la salvación, por eso luego muchos otros se desaniman y caen a un estado peor que como estaban. Y es por esto que ellos serán condenados, porque engañan y mienten. 

Regresando a lo que nuestro amado Señor y Salvador nos declaró hace casi 2,000 años, se lee en Marcos 4:26-29:

26 Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27 y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28 Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29 y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

El texto es claro: somos recogidos por el mismo Señor que anteriormente sembró en nosotros la palabra y cayó en la buena tierra.

Lo que nos quiere dar a entender nuestro amado Salvador es que esto de la fe, el evangelio empírico y el testimonio son obras que duran todo nuestro ciclo de vida a partir de que se siembre. Toma tiempo: el tiempo del Padre, no nuestro. 

El Señor Jesús nos revela que pasan los días, semanas, meses o años y así, sin que nos demos cuenta -es decir, sin que intervengamos en ese proceso de desarrollo- ya damos señales de reverdecer, germinar, tirar hojas, ramos y raíces (dones, santidad, renunciación, humildad, obediencia). En estas etapas es como desde Su Trono de la gracia el Padre ve quienes van creciendo más rápido, quienes más despacio y quienes se estancan; el Señor Jesús toma a los aptos para que sigan con la obra y al final de nuestros días, seremos segados, recogidos con el fruto del Espíritu Santo desarrollado.

Nadie siembra un campo para luego dejar tirar su cosecha buena a su tiempo y, mientras todos los campos donde el Señor Jesús sembró no sean segados, no vendrá todavía.

Así que, tampoco temblemos ni tengamos miedo de si viene; en todo caso, trabajemos con fe antes de que partamos de este mundo, pues el fruto que llevaremos será grande y bien recibido por nuestro Dios y Padre por amor a Cristo.

Este pasaje también significa el tiempo de la iglesia, donde el deber de todos es realizar este proceso espiritual en nuestra vida. En pocas palabras, no ser perezosos ni estar dormidos en los falaces laureles de arrogancia e ignorancia del nuevo pacto.

Que el amor, la gracia y el poder, además de la fe en el Señor Jesucristo sea pleno en ustedes, amados hermanos, amén.

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