El engaño de los sacerdotes.
- Cuerpo Editorial

- 24 ago 2025
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Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
Como si no fuera suficiente mal para el pueblo el haber azuzado para que clamasen por la muerte del Cordero, sin mencionar que por precio de iniquidad vendieron el cuerpo y la vida del Mesías y le estorbaron cuanto pudieron, ahora añadieron una iniquidad más: mentir al pueblo.
Ellos sabían en su corazón que este Jesús carpintero, natural de Nazaret y proclamador de un mensaje nuevo y sanador de enfermos era quien los podía destronar de la gracia de Dios. No solamente eso, sino que oyeron todo lo que él había dicho y tomaron nota de todas sus palabras.
Por eso habían cavilado un plan B en caso de que, en efecto, se levantase de los muertos. En Mateo 28:11-15, se puede leer:
11 Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 12 Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, 13 diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. 14 Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. 15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.
El plan consistía en mentir. En asegurar -sin pruebas- que los discípulos habrían hurtado el cuerpo escondiéndolo en alguna parte y después proclamar su ascensión.
Sus cuidados nunca fueron suficientes. Primero, conocieron el lugar en donde sería enterrado. Después, importunaron a Pilato para que agregase guardias a un sepulcro, el cual también se aseguraron que la roca no pudiese ser removida tan fácil.
Cuando las mujeres corrieron, el ángel desapareció, una vez cumplida su misión y los guardias que habían quedado como muertos, recuperaron el aliento y fueron a informar lo sucedido a los sacerdotes.
Estos taimados, realizaron una junta de urgencia para decidir lo que habría de hacerse con estos guardias que eran un peligro para su posición. Los sobornaron con un gran precio para que mintieran, diciendo lo que ellos previamente convencieron a Pilato para que accediese a tener guardia.
Mintieron, fueron comprados y se escondieron, justo como Adán y Eva. Los sacerdotes incluso les ofrecieron salvoconducto en caso que fueran amenazados por la autoridad, pues en aquellos tiempos la fuga de presos o custodiados se pagaba con muerte.
A causa de este grave pecado, muchos fueron privados de su salvación, al creer esta mentira de estado, estado religioso. No vuelve a mencionar la escritura sobre el destino de los guardias, pero seguramente por el resto de sus días su dinero los hizo perderse para siempre. En cuanto a los sacerdotes, bueno, también sellaron su destino y el de ese pacto primero ya roto por parte de Dios. El pueblo también tomó su parte en el destierro y desagrado de Dios para con ellos, porque no oyeron la voz de su profeta.
Y puede surgir la pregunta: ¿por qué el ángel no le dijo a los guardias algo? O ¿Por qué Jesús no se les apareció a ellos y decirles algo? Por cuestión de fe. El mismo Señor Jesús, en la parábola del rico y Lázaro comentó que ni aun apareciendo un fantasma accederían a creer, teniendo a Moisés y los profetas previamente. Él ya era espíritu y no solamente no creerían, sino que se escandalizarían aún más de él. Además, ya no era su función: el mundo nunca lo recibió y claro que seguirá buscando borrar su testimonio, aunque infructuosamente. El ángel fue enviado a las mujeres y a realizar el portento de mover la piedra no a predicar ni convencer a esos guardias, quienes movidos por el miedo y la codicia obtuvieron lo que les ofrecieron.
Así de esta manera también somos enseñados a no creer a testigos falsos. Cuidar de no dejarlos entrar siquiera al seno de las congregaciones.
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.

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