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El pecado sobre Capernaum… Y el mundo.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 15 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

Amados hermanos nuestros: que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.

Marcos 2:1-12 inicia con una palabra llena de instrucción, poder y juicio. Leamos:

2 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. 2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. 4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. 5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7 ¿Por qué habla este así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? 8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): 11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

En este pasaje, se relata que Jesús, a pesar de que ya era plenamente reconocido como personaje de moda e influyente por el pueblo, comenzó a ser molesto al sanedrín, principalmente a los saduceos que no compaginaban con la revelación que hay vida después de la muerte.

Lo buscaban unos para oírlo, otros para tentarlo y otros para ser sanados.

Por eso Jesús no entraba ya de manera descubierta a Capernaum, pues le era difícil ya dar testimonio, y aunque hacía milagros a quienes se lo solicitaban, era a quienes eran dignos de ellos, es decir, quienes tuvieran fe genuina. Jesucristo demuestra que la gracia y misericordia de Dios son mucho mayores a su justicia y por tanto, se brindó a todos los que venían a él. Esto es el antecedente por el cual más adelante el mismo Jesús reprocharía a esta ciudad junto con Corazín y Betsaida la gran cantidad de milagros hechos y tanta incredulidad posterior. Y quien dude de este argumento espiritual, no olvide que el mismo apóstol Juan dio cuenta de que ni todos los libros que se han de escribir podrían compilar todos los hechos que Jesús hizo en su ministerio.

Precisamente por esta causa, y regresando al relato por el hermano Marcos por el Espíritu

Precisamente por esta causa, en la casa donde él estaba no podía salir ya de la misma debido a que la gente no le dejaba salir al tratar de satisfacer cualquiera de las necesidades de arriba.

Y en un acto maravilloso de fe con obras, los familiares y amigos de cierto hombre paralítico no se amilanaron y buscaron la forma de llegar a Jesús. Este suceso enseña que, para ser salvos, hay que vencer ciertos obstáculos (miedo, inseguridad, dependencia) que impiden lleguemos a la bendición del Señor Jesús.

Y no sólo fe, sino amor total y esperanza plena.

Amor por cuanto ellos no dudaron en mover cielo, tierra y mar para que el amigo tuviese la sanidad; esperanza porque sabían que, trabajando en la unidad de un cuerpo -en equipo, pues- tendrían su meta lograda.

¿Y por qué Jesús no hizo nada, si sabía que llegarían ellos? ¿Por qué no movió un dedo y esperó a que ellos hicieran todo? Porque esas son las obras de fe y amor que él espera pacientemente hagamos. Así como él trabaja al cuidado de nosotros aún sin nosotros pedírselo, reina, salva y vence a su enemigo, también nosotros debajo del sol tenemos que hacer nuestra parte física para que otros lo vean.

Tanto fue su quehacer en una sola exhibición tanto del hombre como de sus amigos que el Señor, tomando precisamente su potestad -aun todavía en la carne- de enseñorear sobre todo y todos y le perdonó sus pecados, todos y cada uno de ellos hasta ese momento.

En ese momento álgido, todos los espectadores estaban atónitos ante aquella frase poderosa, temeraria e inesperada. El Señor Jesús, seguro de su esencia dice: “Hijo: tus pecados te son perdonados”. ERA MUCHO MÁS IMPORTANTE PERDONAR QUE SANAR, puesto que esa alma estaba condenada hasta antes de ese momento. Al perdonar los pecados, ya no era relevante saber si ese hombre pecaba mucho o poco, cómo o de qué manera pecaba. Su corazón fue purificado y preparado para demostrar de qué manera JESUCRISTO SALVARÍA A QUIEN CREYESE Y CONFIASE EN ÉL, ASÍ COMO ESE HOMBRE que movió a sus cuatro amigos.

Y rápidamente sus enemigos, los religiosos, moralistas e hipócritas torcedores de la palabra dada por Dios cavilaron en corazón, manifestando repudio por esa acción. Aducen que solo Dios puede perdonar pecados. Pero eran malos y perversos, porque también el mismo Dios tuvo esa gracia con los antiguos, como la mujer de Sarepta, el general sirio, la ramera en Jericó, etc.

El Señor actuó y trabajó como su Padre lo hacía y esto molestó. Y el Señor Jesús, serio, formal y poderoso los educa y exhibe como malvados sepulcros blanqueados al decir: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, a ti te digo: levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”. 

¿Por qué lo mandó a su casa? Porque él iba a dar testimonio, junto con sus amigos de la fe que lo sanó y lo salvó. Ellos fueron salvos, tiempo después serían de los que fueron llamados a salvación. ¿Por qué lo decimos? Porque el Señor dice: Bienaventurado el varón a quien Dios no le imputa pecado.

Es decir, que el Señor tomó de lo que no era suyo y lo hizo suyo delante de sus enemigos, el Padre le aderezó la mesa para disponer de esa fe que hasta ese momento no había encontrado.

Tan es así la señal que nadie de los testigos oculares en ese momento pudo quedarse callado y todos dieron la gloria a Dios por este portento. Incluso esos escribas sintieron el poder de Dios, el amor y la misericordia, pero como contraviene a su manipulación y control, lo desecharon de inmediato. Prefirieron catalogar el hecho como blasfemia, que como gracia. Lo mismo sus prosélitos, interesados y fatuos. En general, la gran mayoría en esa ciudad.

Capernaum representa al espíritu del hombre natural, reacio a creer en Cristo, rebelde a toda voluntad de Dios y a lo fatuo y necio del ser humano contra sí mismo. Pero por eso Cristo habría de trabajar mucho aún en esa zona, para que no quedase duda de su compromiso a obedecer al Padre, aunque eso le trajera contraer adversarios.

De modo que hermanos, nunca nos cansemos de anunciar a la Verdad, que nos hace libres ni negar al Verdadero quien nos da la vida u el sentido de vivir. Nunca dejemos de tener fe, luchar por el evangelio y ser fuertes en el testimonio por amor a nuestro Señor, Salvador y Maestro Jesucristo, el Todopoderoso Hijo de Dios.

Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.

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