El perdón al hermano ofensor
- Cuerpo Editorial

- 20 jul 2024
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Que el amor, la gracia, la paz y el gozo de nuestro Señor Jesucristo sean plenos y rebosantes en ustedes, amados hermanos, amén.
El texto hallado en Mateo 18:15-17, se refiere a cuando un hermano peca contra otro hermano a sabiendas por ambas partes de lo sucedido. Espiritualmente es una situación muy fuerte porque el enemigo toma ocasión de hurtar, matar y destruir en la debilidad de uno para dañar la confianza entre hermanos. El pasaje dice:
15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.
En primera instancia, los dos hermanos implicados deben resolver su problema sin la intervención de alguien más y el agredido hablar al agresor. Hay que orar en el nombre del Señor Jesús antes del diálogo, y en su nombre cuidar las formas y maneras para evitar que una mala frase obstruya la reprensión que no tiene más objeto que llamar la atención para que la parte que ofende reconozca y ofrezca el arrepentimiento por la mala obra.
Está la primera opción de que reconozca y entre ambos exista el perdón y el fluir del amor que atrás esto se gane a un hermano.
También que no quede bien la plática y entonces es tomar dos o tres testigos en la iglesia y exponer al hermano pecador que su mala obra contraviene los principios espirituales del amor fraternal de Cristo y atenta contra el alma de quien ofende. Lo importante no es hallar culpables sino resolver la situación. No es recriminar, sino explicar por qué el error tiene consecuencias espirituales graves y el hermano tendría que oír y no escudarse o excusarse en rogar perdón al Padre por atentar contra uno de Sus hijos.
Sin embargo, si prefiere que el odio, el coraje o la frustración obnubilen su conciencia y obstruyan su corazón para no abrir el oído, entonces hay que comunicarlo a toda la iglesia, el tribunal espiritual en la tierra.
¿Por qué? Porque el hermano que no atiende debe comprender que, si en lo físico puede ser desechado, ¡imagínese en lo espiritual! Por eso el caso ahora tiene que ser expuesto a la congregación como precedente espiritual de no llegar a este punto.
Y si aun así el hermano no entiende, no accede y se mantiene en su pecado, entonces hay que declararlo como gentil y publicano por cuanto no acepta su error y por orgullo, envidia, odio o avaricia niega al amor de Cristo dentro de sí y además, niega el amor y la restauración al otro hermano por amor y misericordia. Dios no está en tal hermano y tendrá que ser echado fuera.
Es por esto que siempre tenemos que tener temor para actuar seducidos con maldad, tener humildad para reconocer nuestra falta y estar listos para rogar perdón al Padre, al Señor Jesús y al hermano que está en agravio.
El hermano agraviado también tiene que estar preparado para perdonar. No exigir más que lo que se requiere para subsanar el pecado y continuar con el olvido.
Es un proceso que requiere estatura espiritual para ambas partes, por tanto, siempre estemos en oración y cuidado de nuestro testimonio. Roguemos siempre estar en bien con nuestros hermanos en todo asunto.
Que el amor, la gracia y paz del Señor Jesús sea en todos ustedes, amados hermanos, amén.

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