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El propósito comunicativo del segundo evangelio.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 7 sept 2025
  • 3 Min. de lectura

Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.

El segundo evangelio da inicio en esta entrega, ya llenos del mensaje sencillo, pero poderoso de Mateo, ahora en la revelación a través del Espíritu por el autor Marcos es que se dedica en muy pocas palabras -las necesarias para la comprensión- de que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Acerca de las doctrinas, ninguna reviste tanto poder como este saber de lo Alto, que quien lo asimila se constituye en parte de la familia espiritual de Dios. Sin mediación o aviso, en el mismo versículo 1 se confiesa esta gran verdad: Jesucristo es el Hijo de Dios. Como fundamento se recurre al pasaje de Isaías (Isaías 40:3) y a otro de Malaquías (Malaquías 3:1).

Leamos para tener contexto en Marcos 1:1-8.

1 Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en Isaías el profeta:

He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz,

El cual preparará tu camino delante de ti.

3 Voz del que clama en el desierto:

Preparad el camino del Señor;

Enderezad sus sendas.

4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. 5 Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 6 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. 8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Como puede verse, este evangelio carece de introducción y va a los hechos concretos donde a la luz del Espíritu no se detiene en hechos históricos, sino va al hecho espiritual. Empieza el autor a describir que todo inicia en el testimonio de Juan el Bautista referente a que es el Elías que había de venir.

Elías estuvo agazapado y guardado por el Señor en aquellos aciagos días donde la rebeldía y la idolatría apestaban a Israel como cadáver exhibido en una casa. Solo tenía humildes vestidos hechos con pieles. Él se mantuvo fiel al Señor y fue tomado sin degustar la muerte hasta ahora que se vuelve a manifestar en la figura de Juan el Bautista. También escondido en el desierto, lo hacía no porque era perseguido sino porque con esto cumplía la profecía dicha en el párrafo anterior.

El punto inicial es este para que las futuras generaciones entiendan que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob preparó esto para allanar el camino a Su Hijo, Jesús, quien ya había nacido y crecido, pues solo da el referente que Juan, adulto también, ya estaba en el clímax de su tiempo y podría venir una situación de menguar para que el Profeta de Dios hablase ya próximamente.

Así como en el tiempo de Tisbita ocurrió el milagro de restauración al pueblo, ahora también con el advenimiento del Bautista se acercaba el tiempo de reconciliación con el Padre. Menciona el texto que Juan hacía el bautismo en agua, una sumersión que implica una muerte a lo pagano y a lo vil y al mismo tiempo un renacer en el sentido espiritual para dar al Espíritu la gracia de derrotar al mal en la misma esfera física.

Juan describe y define que quien viene detrás de él es más poderoso en hechos que su propia misión, pues bautizará en el Espíritu. Hace la referencia del río Jordán porque Elías de ahí fue arrebatado y ahí mismo entregó Juan su ministerio para que Jesús tuviese la unción del Espíritu Santo y él comenzase a menguar. Todo está en perfecto orden.

Y así es el enfoque de este segundo evangelio: ir a los hechos importantes sin tanto relato o contexto, más que lo necesario. Es lo conducente en una segunda etapa de formación: concretarse en los hechos y evidencias para que la fe tenga sentido operativo además del lógico.

Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.

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