El testimonio de Cristo en el desierto.
- Cuerpo Editorial

- 20 sept 2025
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Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
Marcos, en su revelación no corta, sino más bien precisa, por el Espíritu Santo, cubre ahora otro hecho importante en la vida del Señor Jesús y que en algún momento alguien podría estar en una situación análoga de tentación, pero no por Dios, sino por asechanza del enemigo.
Leamos Marcos 1:12-13:
12 Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. 13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.
Menciona el versículo 12 que Jesús fue impulsado a ir al desierto. Espiritualmente sabemos que el desierto es la flaqueza, la soledad, la falta de apoyo y la prueba. Jesús fue llevado ahí para ser probado, de manera que quedase testimonio que nosotros, cuando seamos probados, tenemos ya un camino a seguir, un estándar que cuidar y un testimonio que dar. Jesús pasó por eso no por voluntad propia, sino que era imprescindible que la iglesia tuviese un dato imborrable que todos somos probados sin que queramos. O sea, nadie en su sano juicio dirá: “oh, bueno: hoy tengo ganas de ser tentado” o “hoy es un buen día para ser probado”. Menciona el tiempo, cuarenta días, así como Israel cuando salió de Egipto, pero en años. Dios permite esto para que sea señal a Israel que el Mesías sufriente habría que pagar por todo lo que Israel había hecho. Una cuota era este depuramiento de la generación y Jesús se depuró de todo acto de la carne y del almático.
Luego viene la tentación de Satanás, que aunque aquí no se especifican detalles, ya se leyó en Mateo y aquí se valida el hecho por fe.
Más aquí se declara que Jesús estuvo expuesto a las fieras del campo. Al estar físicamente solo, convivió con los depredadores de la zona en aquellos años. Y, así como Daniel fue librado del pozo de los leones, así también el Príncipe de Paz, sin tirar una piedra como David también fue salvado por el Altísimo Dios de Israel. De modo que Jesús también padeció las angustias de Israel sobre sus lomos y las sobrellevó con entereza. Un líder que sufre las aflicciones de su pueblo, no conoce a su pueblo. Un Señor que no conozca la necesidad de sus gobernados, el tal es un tirano. Un príncipe que no es uno con sus conciudadanos, el tal está extraviado. Por eso el Señor Jesús padeció todo esto y más para muestra del amor que tiene para con los suyos.
Finalmente, los ángeles le servían. Así como Jacob vio como señal de esto, y así como Abraham recibió la visita de Dios y los ángeles, así el Señor Jesús hizo propias estas señales para testimonio que todo lo pasado tiene un tinte en la vida espiritual de Cristo y así el judío no tenga opción de negarle o decirle: tú no eres conforme a lo que estableció Moisés. Pues no: he aquí que el Cordero es más que Moisés (la ley), más que Abraham (un amigo), más que Salomón (el poder y la sabiduría, más la fama que les implica) y más que Elías (los profetas).
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.




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