Inicia Jesús su ministerio.
- Cuerpo Editorial

- 28 sept 2025
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Actualizado: 29 sept 2025
Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
El evangelio escrito por nuestro amado hermano Marcos por revelación e inspiración del Espíritu Santo, tiene como propósito centrarse en los hechos importantes del ministerio de Cristo en la Tierra, y esto para que por medio del mismo Espíritu solicitemos más revelación que no está escrita y que, según el tiempo de nuestra visitación, tengamos los elementos necesarios para que Cristo viva y se fortaleza en nosotros, de acuerdo con el espíritu de iglesia, nación, temporalidad, ministerio, fe y amor que tengamos.
Recordemos que escrito está que la escritura no es de interpretación privada entonces todo quien confiesa y cree que Jesucristo es el Hijo de Dios y que resucitó de entre los muertos al tercer día tiene todo el derecho dado de lo Alto para aprender y discernir los misterios espirituales de la vida y ministerio de nuestro Señor, Salvador y Maestro.
Leamos Marcos 1:14-15:
14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
Se dice en la letra que el ministerio de Jesús inició solo después de ser bautizado, estar en el desierto y que Juan fuese encarcelado.
Aunque es el Hijo de Dios, el Príncipe de Paz, como Hijo del Hombre debía someterse a las leyes naturales que someten y circunscriben las leyes humanas, en los términos que el Creador impuso a toda alma encerrada en un cuerpo de barro.
De modo que, para cumplir las profecías tuvo que ser humano y apegarse a lo que la letra divina hecha para testimonio del Verdadero en tiempos pasados. No podía pues, el Cordero saltarse las reglas, sino que con las reglas de la Humanidad demostrar que bajo la gracia y fe en Dios todo es posible y fuera de estas solo hay ira y condenación si no hay arrepentimiento.
Así que tuvo que crecer, conocer la esencia de la carne, comprender con sus cinco sentidos cómo la carne paulatinamente se manifiesta en contra de Dios y seduce el alma a que caiga y se olvide de amar a Dios, y por medio de su bautismo morir a esa vieja criatura.
Luego, en el desierto aprender a confiar y aumentar el dominio propio ante situaciones adversas. A deshacerse de ese amor a lo mundano, lo pagano, lo diabólico, lo natural, físico o material y lo vano, con la renunciación.
Y solo entonces, ya cuando se da el tiempo, a caminar el camino precioso de la santidad y obediencia. Esto fue lo que hizo Jesús y esto es lo que nosotros debemos hacer. Cada quien en su medida y destino.
Jesús debió esperar a que Juan estuviese en la cárcel para que no hubiese dos testimonios en la Tierra -aunque ninguno mayor al suyo- y de esta manera el pueblo se confundiera. La preeminencia es solo para Jesucristo y esta es la otra razón del por qué Juan debía ser encarcelado.
Fue pues al pueblo y comunicó en nombre del Padre el advenimiento de una nueva etapa: un nuevo pacto cuyo signatario sería precisamente él. El reino de Dios bajado para disfrute de los hombres: un evangelio, palabra de reconciliación, borrón y cuenta nueva con el que los humanos que acepten estas nuevas condiciones no gravosas pasen de muerte a vida.
Primero entre el pueblo y luego los gentiles.
El reino se ha acercado, decía nuestro amado Señor el Predicador de la vida eterna.
Los tiempos se han cumplido, comentó a gran voz, pues el Señor ya requería abrir el abanico de opciones y que millones de almas pasen a la eternidad.
Solo había que arrepentirse, en decir, creer que no se ha sido honesto y puro delante de Dios, se reconocen los fallos y errores y se confiesa de corazón, para testimonio a todos del amor y fe.
Para esto no se requiere mucha retórica, sino exclamaciones de júbilo.
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.




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