Jesucristo concluye su enseñanza
- Cuerpo Editorial

- hace 3 días
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Amados hermanos, en el pasado Blog 628-1 leímos que el hombre cuando pervierte la palabra evita que el orden espiritual fluya y se crea en su lugar una abominable burocracia, tendiente a sustraer recursos de las personas de modo impune.
En estos días ocurre lo mismo.
Pero nuestro Señor Jesucristo nos enseña cómo evitar esto, leamos entonces Marcos 7:1-23 nuevamente que dice:
Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2 los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. 3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4 Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. 5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 6 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:
Este pueblo de labios me honra,
Mas su corazón está lejos de mí.14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
7 Pues en vano me honran,
Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.
9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, 12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.
17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.
Concretamente, el pasaje en este tema son los versículos 14 al 16: 14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
El Señor Jesús habla con autoridad al pueblo y echa por borda la falsa moral y ciencia de los fariseos. Es poco lo que hay que decir, pues no hay duda sobre lo que quiso decir el Señor.
Nada fuera del hombre lo contamina (en su alma) debido a que son cuestiones espirituales lo que él refería y no las seculares. Entonces, todo lo físico y material son objeto de observación, mas no tienen efectos en lo espiritual. Lo que hicieron los fariseos fue contradecir la esencia del mandamiento, haciendo algo físico como si tuviera valor espiritual como forma de redención.
Si una comida o bebida entra y está en mal estado, enferma pero no contamina. El cuerpo eventualmente desecha este tóxico y se purifica, pero lo que del interior del corazón de los hombres eso sí contamina. Porque si un corazón añora maldad, solo se satisfará cuando haga maldad. Así lo explicó más tarde Jesús a sus discípulos. El origen de toda maldad es el corazón, debido a que el corazón termina mandando al cerebro y convenciendo al alma de lo correcto que es hacer el mal
En consecuencia, se llega a la conclusión de qué y por qué lo que sale y no lo que entra de un hombre es lo que contamina: 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. Esto sucede porque del pensamiento sale el deseo y después el hecho. Sucedido el acto, queda precedente del camino que se sigue pues el corazón haya placer. La conciencia de que hay un daño o afectación desaparece y queda el legado de querer perfeccionar al mal.
Por eso lo que hicieron los fariseos de torcer los mandamientos creó un gravísimo precedente de dejar que el mal se acumulara. Por eso con el paso de algunas generaciones se contaminaron tanto que trajeron ídolos, cambiaron sus costumbres, no respetaron el orden natural de las cosas y olvidaron creer y confiar en Dios. Como no hay castigo o disciplina, entonces se tolera la proliferación de corazones contaminados que contaminan a su vez a otros más.
Así fue cómo Israel se contaminó y dejó de tener una ley para tener una religión. Los hombres malos no pueden estar cerca de nosotros, del mismo modo que una manzana podrida no puede estar cerca de las manzanas en su clímax de madurez.
Amados de Dios y Cristo: cuidemos el corazón obedeciendo al pie de la letra la palabra de Cristo, no incurramos en el grave error de permitir que alguien reinterprete suavice o contradiga lo que ya está escrito, porque de otra manera hay riesgo de contaminación espiritual, cosa que naturalmente desagrada a Dios y provoca desorden en las congregaciones.
Que el amor, la gracia y la sabiduría del Señor Jesucristo sea en ustedes, amados hermanos, amén.

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