Jesucristo no enseña tradiciones, sino la obediencia
- Cuerpo Editorial

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Actualizado: hace 1 día
Amados hermanos, en el pasado Blog 627-1 se analizó sobre cómo es que falsos maestros y pastores de adueñan -como los fariseos y escribas- de la interpretación de la palabra para crear normas mentirosas tendientes a controlar personas privándolas de su derecho a ser salvas. Les invitamos a leer aquel tema primero para no perder el hilo conductivo de esta disertación por el Espíritu revelada.
Pero nuestro Señor Jesucristo no está dispuesto a esto y rebate a estos fariseos que se atrevieron a regañar y querer condenar a sus discípulos y amigos. En su ministerio, su palabra y su iglesia NO HAY OTRO MAESTRO, SOLO JESUCRISTO. Con el poder del Espíritu abrió su boca y con la maestría única de él destruye sus facciosos comentarios. Invitamos pues a leer todo el texto original del pasaje, pues es necesario, esto es: Marcos 7:1-23:
Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2 los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. 3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4 Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. 5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 6 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:
Este pueblo de labios me honra,
Mas su corazón está lejos de mí.
7 Pues en vano me honran,
Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.
9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, 12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.
14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.
Concretamente, el pasaje en este tema son los versículos 6 al 9: Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. 7 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. 8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. 9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.
O sea, que estos seres del mal tuercen el sentido de la palabra de Dios para procurar su conveniencia, no para agradar a Dios, mero pretexto de su osadía. Todo en ellos es simulación: su piedad, su sonrisa, sus acciones, sus dichos, sus hechos, sus pensamientos. Incluso su alabanza es mera construcción y ensayo para pretender demostrar que sirven al Hijo y al Altísimo. Lo natural, lo secular, lo social y lo moral no forman parte del reino de Dios, sino usos y costumbres que para Dios es tolerable o es una nimiedad. Pero estos malvados usan la falsa moral para decir que es malo, es pecado, es mortal, es algo imperdonable, es una blasfemia, una idolatría, una perversión, etcétera.
Claramente los cuatro evangelios y todas las cartas epistolares son muy claridosos en cuanto a lo que en estos aspectos no hay que hacer. Pero no permiten que lean, impiden la comunión personal con Dios y clamar directamente a Cristo, aprovechando su pobre o nula fe, su total ignorancia y sobre todo, el pecado de confiar ciegamente en el hombre antes que Dios.
Cuando Dios nos manda hacer algo, más que para complacer voluntades humanas o gustos sociales, es para nuestro bienestar espiritual y fomentar la confianza en Él. Cuando Dios nos prohíbe hacer algo, es porque evita una maledicencia, una consecuencia funesta de índole espirtual y por tanto, física. Si en algo no se menciona literalmente, queda a la revelación del Espíritu, no de hombres sobre el proceder, alimentando más la confianza de siempre tener una respuesta, confiados en Cristo Jesús.
Así debieron hacer los judíos y no lo hicieron. Cuando surgieron dudas, voltearon a ver a las naciones paganas circundantes y se apropiaron de sus métodos. No preguntaron o consultaron a Dios, prefirieron seguir sus caminos y sus pensamientos, dejando la fidelidad y confianza en su Libertador a un lado.
¿Qué hace ahora la iglesia en su etapa de Laodicea? Saca a Cristo y meten ideologías diversas, filosofías orientales, dogmas judíos, corrientes egipcias y romanas, convivencias y participaciones en “consejos mundiales de iglesias”, criterios de libertinaje, etcétera. No se sujetan y no tienen al Espíritu Santo activo en ellos, sino contristado o bien, en el caso de los vasos de deshonra, ausente.
Nuestro Señor les describe como hipócritas, por su doble rasero, por su moral prostituida para alcanzar riqueza y dominación, por su capacidad de mentir y simular debido a la cauterización de su conciencia para amar el mal, la vanidad y lo oscuro.
Lo que sea que Dios pida ellos lo hacen a un lado porque no les interesa el beneficio espiritual y se vuelve a redactar a modo de énfasis y desengaño para aquellos que piensen dentro de sí: “¡no lo puedo creer!”, “¿en verdad hay gente que actúa así?” o “es inverosímil”.
Esto mismo repite nuestro Señor y Maestro Jesucristo pues vana es su alabanza, mentira su loa y adulación barata su oración hacia él.
Seamos muy celosos de quienes ministran y comparten la palabra al interior de nuestras congregaciones, porque en las grandes multitudes es donde se introducen más fácilmente.
En el tercer tema, nuestro Señor como Maestro desnuda la falsa enseñanza de los fariseos ejemplificando una ley de Moisés.Y por extensión, siendo entendidos y sabios por el Espíritu, podemos parafrasear más de las acciones malvadas de estos seres de maldad.
Que el amor, la gracia y la sabiduría del Señor Jesucristo sea en ustedes, amados hermanos, amén.

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