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Jesucristo: satisfactor del hambre del Hombre

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura

Amados hermanos nuestros: que la paz, amor y gracia del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu rebosante, amén.

Queridos hermanos nuestros, lectores de habla hispana, sabemos que el Hombre, el ser humano en su naturaleza nace desprovisto de todo y por tanto, dependiente total de la misericordia de Dios para no hallar la muerte por incapacidad de sostenerse.

Sin embargo, mientras crece, por la misma gracia de Dios al conceder dones a todo ser humano que respira y vive, se tienen formas y maneras de agenciarse la vida mediante la alimentación, el trabajo y la riqueza. Algunos de mejor manera que otros; unos de modo honesto y otros no; algunos más habilidosos que otros y así por el estilo.

Al no ser autótrofos, se está en la búsqueda constante de alimentar nuestro ser, pero no solo la comida y la bebida que por la digestión son asimiladas; también la mente, alma y corazón tienen necesidad de alimentarse. Es decir, no solo lo fisiológico, anatómico y orgánico; además, lo mental, lo psicológico y lo sentimental. Esto puede leerse con más detalle en el presente editorial, el 624 “La alimentación del Hombre” porque aquí, vemos cómo el Señor Jesús satisface esta necesidad.

Centrándonos en el texto escritural, la gente que tenía gran interés y vacío de oír la palabra de esperanza, consuelo, reconciliación y salvación, siguió a Jesús. Este pueblo escogido caminó la milla literalmente.

Para entender mejor, leamos lo que se dice al respecto en Marcos 6:30-44:

30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31 Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. 32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. 33 Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. 34 Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. 35 Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. 36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. 37 Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? 38 Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39 Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. 40 Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41 Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. 42 Y comieron todos, y se saciaron. 43 Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. 44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.

¡Aleluya! De este grupo de personas, como bien redacta la escritura, se agradaron tanto el Padre y el Señor Jesús. Estos seres humanos tuvieron en poco el tiempo, la distancia y el esfuerzo y siguieron fielmente la silueta de la barca mientras navegaba y encontraron al Salvador junto con sus discípulos en el lado donde desembarcaron.

Tuvieron gran necesidad de oír y saciar su alma.

El Señor, pues, alimentó su espíritu con su palabra de vida, tomó su tiempo y habló sabiduría. Nadie se fue y nadie apuró. Todos escuchando atentos. Por tanto, nuestro Señor tuvo misericordia y no solo les proveyó del pan espiritual, sino también del físico.

Alzó los ojos al cielo y en acuerdo con el Padre, la masa y energía de esos cinco panes y dos peces (siete elementos físicos) fueron multiplicadas por obra y gracia de su poder y salió alimentos para todos, hasta saciarse, hartarse, llenarse. Nuestro Señor Jesucristo tiene para satisfacer cualquier necesidad nuestra.

Así como esa multitud no se amilanó y, muy por el contrario, le siguió hasta donde fue encontrado, así misma obra el Señor Jesucristo con cualquiera que le busca, le sigue y le encuentra. Satisface toda necesidad. Incluso, sobraron doce cestas llenas de pan y peces, cuyo número tampoco es coincidencia. Simboliza que hay pan y peces para el remanente de las doce tribus del antiguo pueblo de Israel que crean y vengan del desierto a Cristo. En cuanto a nosotros, los gentiles, hay otras promesas.

Quiere decir que el Señor Jesús da de más para continuar la obra. Todas estas personas llenaron su memoria, corazón y estómago, seguros estamos que muchos de esta multitud en particular fueron con el tiempo hechos creyentes, pues de buen ánimo caminaron y fueron sujetos de misericordia por nuestro Señor Jesús y a quién él recibe, nunca le despide ni rechaza y mucho menos envía con las manos vacías.

Gozo tenemos que el único satisfactor del hambre de los hombres es Jesucristo, el Hijo de Dios y quién es nuestro Señor, Salvador y Maestro, amén.

Que el amor, la gracia y el poder, además de la fe en el Señor Jesucristo sea pleno en ustedes, amados hermanos, amén.

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