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Jesús caminó sobre el mar

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura

 Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén.

En el evangelio escrito por Marcos bajo la revelación del Espíritu Santo queda asentada una sutileza que otros evangelios no muestran y esto no es porque se haya olvidado o existan inconsistencias. Resulta que mostrar la verdad de la voluntad de Dios a través del evangelio de Cristo es un proceso que toma tiempo y espacio, dado que no somos poderosos como nuestro Creador y Padre y es por eso que estos secretos espirituales deben ser administrados de manera gradual y progresiva, a fin de que el ser espiritual que se forma dentro de nosotros tenga la sustancia eterna que requiere para ser digno de convivir con la Deidad por los siglos de los siglos, amén.

Pero primero leamos el contexto escritural, hallado en Marcos 6:45-52, que dice:

45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; 47 y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. 48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. 49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; 50 porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! 51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban. 52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.

El Señor Jesús hacía cosas solo, no era posible que siempre los discípulos estuvieran con él, pues tenía necesidades específicas que atender. Ellos se ocupaban de lo secular y el Señor entonces aprovechaba ese tiempo para tener comunión con su Padre en la rogativa. En este caso, los discípulos fueron enviados al otro lado del mar en la barca para ir a otra región y el Señor se quedó para despedir a la multitud de la que había tenido misericordia; sin embargo, había dos razones más: la primera, hallar fortaleza, deshacerse de sus luchas espirituales contra su carne, y encomendar el milagro de vencer las leyes físicas con objeto de aumentar más la fe de sus discípulos.

Algo que nos enseña nuestro Señor Jesús es que él no vino á perder el tiempo, sino por el contrario, a redimirlo y usarlo de la manera más útil y provechosa para el ministerio.

Caminar sobre el agua para nosotros es imposible, pero tanto para nuestro Dios y Padre  como nuestro Señor y Rey Jesucristo es posible (Jeremías 32:27, Mateo 19:26, Apocalipsis 22:13 sustentan esto).

Escrito esto, él caminó y se apartó, oró y se fortaleció. ¿Quién de nosotros, tras convivir con gente querida y que no se ve seguido nuestra alma se regocija y sentimos que estamos completos de nuevo? Pues así mismo nuestro Señor y ahora nosotros, imitando este quehacer de convivencia nos fortalece y llena de ánimo.

Aquí existe otra revelación. Todos los enviados por Jesucristo para trabajar, quienes obedecen a su palabra de ir a algún lugar tendrán siempre alguna dificultad, porque, así como el viento les era contrario a los discípulos y realizaban esfuerzo extra, así también si somos enviados a dar testimonio habrá algo que pondrá a prueba nuestra fe. ¡OJO! No que el Señor o el Padre pongan esas trabas, sino que es la naturaleza misma de la encomienda, los poderes no sometidos a Dios por medio de demonios y rebeldía del propio ser humano son esos vientos que hacen que se tenga que caminar la milla extra.

Y es aquí donde la fe y paciencia se prueban, se miden y se analiza la calidad de su esencia, presencia y sustancia: si es de oro refinado o simple paja. El Señor Jesús, desde el futuro, desde lo espiritual y desde la ciencia total que posee sabe el límite de nuestras fuerzas. La cuarta vigilia de la noche es el tiempo de su visitación para confirmación, es decir el tiempo del Señor. Es en la noche porque implica algo privado, un encuentro personal, sin testigos. Un tiempo especial de comunión, de masajear al atribulado corazón y mostrar que para él nada es imposible. Y como está escrito también en varios contextos (2ª Pedro 3:9Salmos 27:14, Romanos 12:12, Gálatas 6:9) el Señor no es lento, sino paciente. De tal forma que llegó su hora de acción y caminó hacia ellos sin hundirse sobre aguas tormentosas.

Y esta manifestación física espantó a los cansados y angustiados discípulos, pues en su carne y en su limitada esfera de acción se sentían derrotados, viene Cristo hacia ellos en su auxilio y se espantan, pues por sentido común y lógica, nadie podría hacer eso. Tiene que hablar Jesús para que por oído encuentren paz y le reconozcan.

Es aquí donde viene lo de Pedro que aquí no se describe, pero viene la sutileza antes mencionada: 51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban. 52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones. Aquí nombra a todos, no solamente Pedro. De tal forma, en Mateo se vio que el hombre individual es débil y falto de fe, ahora en Marcos es el colectivo humano que se resiste a creer, aún conociendo. Es la misma carne que se atavía de miedo, incredulidad, terror y desesperanza trascendiendo la mente y el corazón.

Menciona la escritura que ellos seguían dando vueltas al asunto de dónde sacó el Señor pan de cinco panes y pescado de dos peces, como hombres naturales pues no eran investidos del Espíritu Santo todavía. Ahora nosotros tenemos que estar siempre alertas, pues ya estando investidos, no deberíamos actuar como incrédulos, ignorantes, desconocidos de Dios ni olvidados por Él. Cuando la fe y el amor faltan, el corazón se endurece.

Esta escritura nos enseña que aunque la barca se mueva, ande de un lado a otro, estemos al tope de nuestra resistencia, NUNCA SEREMOS NÁUFRAGOS. Es una promesa, es un hecho esperando a suceder, no es una probabilidad o un acto de selección natural, mucho menos azar o suerte.

Confiemos siempre en nuestro Señor Jesucristo: ya obedecimos, seremos encontrados por él. A su tiempo llegará y nos mostrará su poder vencedor de todo evento malo. Amén.

Que la gracia, amor y paz de nuestro Señor Jesucristo sea en ustedes, amados hermanos, amén

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