Jesús reprendió demonios
- Cuerpo Editorial

- 3 ene
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Amados hermanos nuestros: que la paz, amor y gracia del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
Leyendo a Marcos 3: 11-12, que a la letra dice:
11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. 12 Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen.
Nuestro amado Señor tenía sus propias batallas entre tanta gente que le buscaba. Si nosotros, por estar en un tiempo limitado entre una multitud, nos estresamos y perdemos piso de enojarnos, tener desprecio del prójimo literalmente alrededor de nosotros físicamente. Agregar al Señor Jesús en su trato con esta multitud, había gente endemoniada, poseída, esclava de diversos espíritus malignos que los aquejaban y atormentaban. No eran enfermedades ni espíritus de enfermedades, eran seres caídos, enemigos y engañadores. Tenían mucha fuerza contra los hombres, mas no contra nuestro Salvador y Maestro.
Estos seres no eran más que estorbos, pues le conocían en realidad en su esencia verdadera. Nosotros como especie creada de materia física no tenemos modo de saber o conocerlos, pero el Señor Jesús, aun en su corporeidad tiene sapiencia de ello y así menciona el texto bíblico que les reprendía al sacarlos de tales personas.
La razón es que ellos decían que él es el Hijo de Dios, como hemos mencionado en otras ocasiones, era para exhibirlo y la gente no creyese en él. Así que los silenciaba porque esa frase es precisamente la llave para la salvación de toda alma que conoce o sabe de Jesús, Cristo o Jesucristo.
NO puede un demonio adorar al Altísimo, sino que confiesa con terror. No puede un enemigo ser amigo o aliado, sino que finge. Así pues, esa declaratoria en boca de un demonio es estéril.
Así pues, como el Señor Jesús supo y el Espíritu nos revela que reprendió, así también nosotros tenemos que ser juiciosos y no compartir las cosas santas, sagradas y de lo Alto con lo mundano, lo pagano y lo demoníaco. Agua y aceite no se llevan. Por más sutil que sea, más bonito, más romántico o seductor, hay que reprender y rechazar. Alejarse de esa fuente de maldad y pecado.
El mundo no puede adorar y alabar el Santo nombre de nuestro Padre y es responsabilidad nuestra ser santos, es decir, no comulgar con hipócritas, no aceptar a falsos adoradores, no permitir salteadores y tener parte ni suerte con religiosos, ideólogos, teólogos o agnósticos.
Los nicolaítas, los que aman filosofías y dogmas, aquellos amantes de la Sofía humana, histórica, metafísica no buscan ser de Cristo, sino mundanizar el evangelio: todos ellos ya tienen amoríos con espíritus de maldad y su propia soberbia y lo mejor es echarlos fuera.
Todo esto requiere esfuerzo, así como el Señor se fortaleció en el Espíritu para despejar el camino, así nosotros apartarnos limpios ante la Deidad. Andar como él anduvo, proteger nuestras congregaciones, nuestra alma, nuestra fe, nuestra limpia conciencia, nuestro corazón, nuestro pensamiento de ese tizne, es la lucha que nos toca librar debajo del sol en el nombre del Señor Jesucristo, de manera cotidiana hasta que seamos llamados a su presencia, amén.
Que el amor, la gracia, poder y la fortaleza de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados hermanos, amén.

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