Jesús se retiró al mar y la multitud lo seguía
- Cuerpo Editorial

- 3 ene
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Amados hermanos nuestros: que la paz, amor y gracia del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
Leyendo a Marcos 3: 7-12, que a la letra dice:
7 Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de Galilea. Y de Judea, 8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él. 9 Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen. 10 Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él.
Nuestro amado Señor, acabado su testimonio de confrontar a los enemigos, se retiró para recargar baterías. Siendo carne, tenía que tener un momento de sosiego para que el dominio propio hiciera su acción de restaurar el temple. Su palabra poderosa y sabia dejó a tales afrentosos rabiando y silenciados, lo que le dio tiempo para estar en paz, con los discípulos camino al mar.
En la vida, amados hermanos, tenemos que también reforzarnos en el Espíritu para no caer en la tentación de dar rienda suelta a la humanidad en la expresión exagerada de emociones que luego generan tropiezo y minimizan la eficacia del Espíritu. Ir de camino al mar (no literalmente, sino a un lugar de reposo para que el Espíritu Santo tenga dominio sobre nuestro pensar, hacer y decir) y que la paz del Señor Jesucristo sea plena en nosotros.
Y regresando al pasaje dado, la multitud lo seguía, la escritura menciona varias localidades desde: el sur de las actuales Siria y Líbano; Palestina, Israel y Jordania. Esta gente lo necesitaba: muchos en la carne, en el beneficio físico en forma de restauración, sanidad y paz mental; otros en lo físico: la paz del alma, propósito de vida y un lugar verdadero para depositar su fe.
Eran tantos que en el físico el Señor Jesús tuvo que tomar sus precauciones debido a que le oprimían, es decir, se acercaban demasiado solo para ser sanados. La desesperación y ansía de ellos también hacía mella en la actitud del Señor Jesús quien, a la verdad, siempre estuvo dispuesto, pero su cuerpo resentía ese agobio de estar demasiado cerca del espacio personal.
Es por eso que en ocasiones desde la barca lanzaba su predicación cuando hablaba para que llegase el mensaje y no fuese distraído por personas queriendo asirse. También esa fe de ellos era mucha y había que poner orden espiritual a esa envión de ansiedad y prisa. Además, se cumplía aquella profecía de que por su llaga fuimos curados, esto es, que él recibía el mal y la enfermedad que salían de estos que le buscaban, aunque sin afectarle.
Por eso la paz de Cristo es la única fuerza espiritual que soporta a toda buena obra en Cristo Jesús. No es la meditación, ni la anatomía, ni atributos filosóficos o mentales: es solo la paz que viene de lo Alto. Busquemos siempre esa escotilla para liberar tensión, afán o apremio, para no terminar dando mal testimonio, amados creyentes del Señor Jesús.
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.




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