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Jesús selecciona a quienes le han de servir 

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 4 días
  • 4 Min. de lectura

Amados hermanos nuestros: que la paz, amor y gracia del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.

En la vida de la iglesia de alguna u otra manera todos queremos servir al Señor, unos más que otros y unos con más certeza que otros sobre qué hacer. Leyendo a Marcos 3: 13-19, que a la letra dice:

13 Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. 14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, 15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: 16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; 17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, 19 y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa.

La escritura en este asunto es muy clara y precisa, este es el talento del cómo el amado hermano Marcos por inspiración del Espíritu Santo redactó el evangelio para quitar palabras extras e ir directo al grano.

La escritura dice que Jesucristo llamó a los que él quiso. Y lo hizo por una razón: el camino que cada uno debía seguir después de que él ascendiera con el Padre. Unos estaban hechos para, en primera instancia, dedicarse al trabajo y manutención de esta primera congregación. Otros más para la organización, otros para ser los administradores de lo que compartieran, otros para el acopio de la doctrina y los enlaces con el pueblo.

Así es como Cristo eligió en primera instancia a sus primeros discípulos. Otros más se fueron agregando y al final quedaron solo doce, incluido el vaso de deshonra que le habría de entregar. De conformidad con lo que está escrito en Romanos 8:30: Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

Todos eran hombres diversos, sin preparación o alcurnia según el mundo; si acaso, Mateo que era publicano, pero él era para la administración del tesoro colectivo y luego la recaudación de tesoros espirituales cuando fue movido por el Espíritu Santo a escribir el evangelio.

Entonces, el Padre desde antes de la fundación del mundo, en acuerdo con el mismo Jesucristo convinieron en crear a estos hombres a su tiempo para ser llamados por el mismo Cristo en carne milenios después. Dios les dio el hálito de vida, luego los dones con los cuales fueron útiles en su tiempo en esta Tierra.

Este es el modo espiritual en cómo Dios trabaja y en cómo Cristo, a los que quiere llama a que le sirvan de tiempo completo, así como los ministerios dentro de la iglesia. No es democracia, no es una organización humana, no es un negocio familiar ni una empresa recaudadora de dinero: es la iglesia del Señor Jesucristo y, por tanto, a quien él convoca, le sirve. Quien se autoelige, paga o convence, se inmiscuye y hace política no sirve para Cristo.

Así que hermanos, cuando se tenga que elegir entre diáconos, maestros, pastores, obispos, profetas, ancianos o viudas cuando por cuestiones del tiempo hermanos partan y se queden vacantes los oficios espirituales, es conforme a lo estipulado en el nuevo pacto y no según la carne. Es por oración, ruego, imposición de manos y nada más.

Congregación que se rebele a lo que el Espíritu dejó y opta por sus propios métodos, cae en desgracia y se expone a sí misma a que lobos, apóstatas, salteadores y falsos obreros se infiltren y causen desmanes en el corto y mediano plazos.

Y si alguien dice que cómo entonces Jesús se equivocó al dejar que entrase Judas Iscariote, sabiendo que le iba a entregar tres años después NO ES UN ERROR, es una predestinación. El vaso de deshonra tenía que estar dentro porque de esta manera nos advierte proféticamente el mismo Señor qué pasa si se deja entrar a los malhechores a la casa.

Jesucristo tenía que morir, pero nosotros no podemos permitir que esa situación se repita porque lo de él era su misión, más en nosotros es protección y seguridad de la palabra, de las almas y del crecimiento espiritual.

Finalmente, así como el Señor los conoció por nombre, así ahora en estos tiempos también conoce a los que ahora le sirven de nombre y origen. El mismo Pablo dio cuenta de ellos cuando nos compartió su conversión a Cristo.

Amados, quienes sientan ese llamado de servir a Jesucristo, siéntanse con todo el gozo del mundo cuando el Todopoderoso Hijo de Dios les llame por su nombre de pila o apodo, en su idioma y en la manera que él les plazca, porque están hechos para la obra que les llame hacer.

Busquen todos ser tomados como dignos, obedeciendo la palabra, dando buen testimonio, renunciándose a su vieja criatura, guardando su corazón en pureza, pobreza de espíritu, en oración, toda buena obra espiritual y buena fama entre los hombres.

Roguemos los unos por los otros para que en todas las congregaciones se levanten discípulos de Jesucristo y tomen el poder y la autoridad de lo alto para ejercer los diferentes oficios espirituales dentro y fuera de la congregación.

Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.

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