Jesús vuelve a anunciar su muerte
- Cuerpo Editorial

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Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amen.
El Señor Jesús, después de dar su testimonio ante esas personas tras sanar al joven poseído por un espíritu de tormento, decidió ir a la región de Galilea a continuar su jornada, pero ahora de modo privado. No quería que el pueblo estuviese cerca, porque de nueva cuenta comentó a sus discípulos de su necesidad de ser sacrificado, es decir, morir.
Los discípulos, desprovistos del Espíritu Santo, no entendían si era alguna cosa en alegoría o literal. Tenían su corazón lleno de miedo a preguntarle, pues en caso de que no fuera lenguaje figurado y fuese profecía verdadera se sentirían terrible.
Leamos, por favor lo escrito en Marcos 9: 30-32:
30 Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. 31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día. 32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.
Apenas recibían la palabra, presencia, amor y enseñanza de Jesús y ya hablaba por segunda vez que iría a morir. No entendían eso de morir y resucitar. No hallaban sentido a esas palabras (como tampoco ahora millones lo entienden).
Pero la enseñanza está ahí: Nuestro amado Señor reina sobre la vida y sobre la muerte. Así que la muerte era un mero trámite para ir a la región de los muertos, como hombre de carne y hueso que era en ese entonces para restaurar las cosas en el Seol. Ya como Señor, dio descanso a Abraham y ahora se convirtió ese lugar donde iban los justos al Paraíso, el lugar donde las almas que parten creyendo y teniendo el sello de Cristo van.
En esos tres días de muerto para los hombres, espiritualmente acomodó las cosas. Cuando partamos seremos testigos alegres de este cambio que él hizo para nosotros ser consolados y alegrados por las cargas y el peso de tener un cuerpo de carne y hueso con la esencia de la lucha continua.
Y bendito sea el nombre de nuestro Padre en el nombre del Señor Jesucristo porque tenemos la revelación y sabemos ahora que la muerte no es el fin y no es episodio para estar por siempre tristes. Se llama Esperanza lo que tenemos de continuar viviendo en otro plano en lo que nuestro llamamiento a la eternidad y entrega de nuestros premios espirituales llega. ¡Gracias Señor Jesús!
Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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