La insensatez del mundo contra Dios
- Cuerpo Editorial

- hace 1 día
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Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amen.
El Señor Jesús fue honrado en el monte y fue dado testimonio al remanente de Israel y posteriormente a la iglesia de Jesucristo respecto al pasaje que narra cómo Jesús habló con Elías y Moisés en Marcos 9:2-13, sobre que la ley y los profetas le mencionan y dan testimonio de él, y les pedimos que lean el blog anterior si no lo han leído.
Pero era necesario volver, ya teniendo la instrucción de comentar esto hasta después de su resurrección y en este andar estaban cuando descendían y se topan con que el pueblo estuvo con el resto de los discípulos pidiéndoles solución cuando no era todavía su momento de una sanación con la prisa, insensatez e ignorancia rampantes en ellos. Al Señor no le agradó en lo absoluto y leamos el siguiente pasaje en Marcos 9:14-29:
14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. 15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron. 16 Él les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? 17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti a mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. 19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedmelo. 20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. 21 Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. 22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. 23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. 25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. 27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. 28 Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? 29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
Tras leer la primera parte, es decir, desde los versículos 14 hasta 18, es el contexto inicial para entender el desagrado de nuestro Señor ante la frivolidad e indolencia del pueblo. Es decir, sus discípulos eran alumnos en preparación, ¿cómo exigirles que tuviesen el nivel del Señor? Es casi una tentación a Dios mismo, exigir el mismo nivel de poder cuando ellos estaban apenas recibiendo las primeras enseñanzas para aplicarlas en su vida posterior a él, ya ascendido para entonces. El demonio que azuzaba al joven y que tenía vuelto loco de angustia a su padre tenía mucho poder sobre ese cuerpo y le describía como alguien en total desgracia, él y su familia. Pero no obsta para perder las formas e invocar al Señor.
El mundo en su desesperación para asuntos que sociedades e individuos claman por ayuda acuden a hombres, a personas y no al Señor Jesucristo. Acuden pues, a una sigla, a una razón social, a un grupo humano, a un edificio, a una persona y quieren que esa sigla, razón social, grupo humano, edificio o persona sean Cristo y haga las labores de Jesucristo mismo, pero sin reconocer la potestad invisible y poderosa del Santo Ser sentado a la diestra del Padre. O sea, en pocas palabras ver a un Jesús físico, en carne que les obre milagros al gusto.
Por eso se enojó el Señor Jesucristo contra esa multitud (pues si en esos días cuando él era visible y palpable ya exigían resultados inmediatos a cambio de nada) ¿cómo habría de ser cuando él ya no estuviese aquí entre nosotros, los humanos de forma presencial visible? Y mentiras no dijo, al contrario: aun en eso señaló verdad y sabiduría. Leamos:
● ¡Oh generación incrédula! Esta frase no es una sentencia ni una condenación: es una descripción en tiempo presente de su realidad, la cual nunca dejaron de ser, hasta el día de hoy.
● ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? En esta pregunta, se denota el hastío de Dios, no desde su poco tiempo en el mundo, sino desde que Jehová mismo los circuncidó, los sacó de Egipto y los asentó en Canaán. Habló en nombre de su Padre, quien ha tenido que soportar generaciones de infieles y ahora Jesús experimenta la amargura de la necedad de ellos.
● ¿Hasta cuándo os he de soportar? Esta pregunta es una reprensión a la obstinación, es una advertencia de que sobre aviso no hay engaño en lo porvenir. La función de la Deidad no es complacer eterna e inútilmente almas necias y fatuas, sino hacer perfectas a las almas como la Deidad para que coexistan juntos.
● ¡Traédmelo! Es el modo en que Dios y Jesucristo hablan con autoridad: el modo imperativo propio del Gran YO SOY y el Yo Soy. Se procede a atender el llamado para demostrar el poder de Dios en los hombres contra todo el mal que les pueda acontecer.
Obedeciendo su palabra (OTRA VEZ, UNA VEZ MÁS: LA OBEDIENCIA ES LA QUE DA DIGNIDAD) traen al joven quien, al ver al Hijo de Dios, ese espíritu se manifiesta cruelmente contra este hombre, pues sabe que el fin de su influencia está cerca y busca hacer daño y provocar duda, enojo e impaciencia entre los testigos y familiares.
El Señor le pregunta entonces al padre de este chico sobre el tiempo y actitudes mostradas desde el tiempo de su posesión y le informa que desde pequeño ha tenido diferentes tipos de arrebatos, con la natural angustia y dolor de no ser capaz de hacer algo por sí mismo, y aquí está la clave: confiesa que Jesús puede hacer algo por él, alude a su misericordia intrínseca (él pensó: “si sanó a otros, puede sanar a mi hijo”) e indaga sobre cómo podría hacerse en su rogativa si él accediese.
El Señor le contesta con esta frase que va dirigida a todos quienes están en apuros fuertes, no solo a él:
Si puedes creer, al que cree, todo le es posible.
¿Por qué no le dijo primeramente: “ve y sea hecho conforme a tu dicho”, “tu hijo es sano, ve en paz”, “Sé sano” -al muchacho-, etcétera?
Por su incredulidad. Ya sabemos que quien duda y quien no cree nada recibe y es condenado. Así que, el Señor Jesús, debió ser justo y probar la fe del padre por las propias palabras y acciones de éste.
Por eso, el hombre ni tardo ni perezoso activó el poder de su fe: “Creo; ayuda mi incredulidad”. Esta fe se activó por el amor que tuvo para con su hijo. Este padre, a pesar de ser incrédulo no fue duro de corazón ni entendimiento. Ignoró, sí; buscó en todos lados, sí; se equivocó, también; además: oyó, obedeció y creyó. Esto le valió la salvación del hijo y del padre también.
Por eso luego escribiría por el Espíritu Santo el apóstol cuando escribió que el amor cubrirá multitud de pecados.
Entonces, ahora sí, el Señor Jesús, habiendo dado cátedra, con todo el poder de su palabra dijo: “Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.”. Y el espíritu inmundo, también obedeció, saliendo, no sin antes hacer un último aspaviento. El poder de la sanación y salvación del Señor Jesucristo para con este hombre arrepentido de su pecado, fue prohibir que su hijo fuera tocado nuevamente, jamás volvería a ser poseído y este hombre recibió el pago de su fe y amor. El hijo fue entregado a su padre y se fueron, gozosos y consolados.
Aunque no se da más testimonio de este hombre, se tiene el pensamiento que fueron usados como un testimonio más del poder de Dios en la comarca hasta sus últimos días, siendo otros predicadores de la Verdad y el Verdadero como en otros casos. ¿Por qué se piensa esto? Porque lo que Jesucristo liberta, no vuelve a caer preso y lo que a él es dado, ninguno se pierde.
Finalmente los discípulos preguntan por qué ellos no fueron capaces de hacer ese milagro. Recordemos que ellos habían sido enviados a predicar y liberar almas poseídas bajo la ordenanza del mismo Señor Jesús con la obediencia y fe de ellos antes. Pero en este caso, el género de espíritus violentos y poderosos que se aferran con todo a las almas solo se puede echar con oración y ayuno, es debido a que quien los enfrenta debe estar completamente inspirado y entregado al poder de Dios, por medio del Espíritu Santo y hablar sabia y santamente en el nombre del Señor Jesucristo. No puede tenerse miedo, duda, preocupación, afán, prisa o ansiedad. Debe ser paz, firmeza, concentración y dominio propio.
Y así como ellos, nosotros tenemos el mismo proceder. Hay que tener una cierta estatura espiritual y que haya un llamamiento por parte del Señor Jesucristo para este servicio. Porque volvemos a lo mismo: la incredulidad es lo que condena y mantiene la desgracia vigente, pero si se cree en Jesucristo y no en el hombre, todo es posible.
Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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