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La ley y los profetas dan testimonio de Jesucristo

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sean con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amen. 

Tenemos mucho gozo de departir con ustedes este mensaje inspirado por la meditación en el Espíritu Santo, respecto al pasaje que narra cómo Jesús habló con Elías y Moisés en Marcos 9:2-13, dice:

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados. Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.

Este suceso es de suma importancia para la fe y la edificación. Amados, por ningún motivo omitan enseñar esto a los jóvenes e indoctos, bajo cualquier circunstancia no eviten o impidan revelar esto a los niños recién convertidos. ¿Por qué? Porque es evidencia real, escrita sobre que Elías y Moisés por fe servían a Cristo, en los tiempos antiguos. Ellos, conforme a su época sirvieron al Padre para preparar el camino al Hijo tiempo después. Moisés es la ley, la letra, la doctrina primera, el fundamento y la base de lo que Dios quería del hombre y el evangelio de Jesucristo, nuestro amado Señor y Salvador, es la reforma única y perfecta por la cual el hombre puede ser justificado.

Moisés, al ser el mayordomo, dispuso todo para que el Hijo, el Heredero llegase y tomase posesión de la viña en la ausencia del dueño, el Padre.

En cuanto a Elías, el profeta que representa a este noble oficio de ser heraldo y mensajero también preparó el oído del pueblo, para que cuando el Profeta de Dios, el Cristo, llegase, hablase en el nombre de Dios las cosas de Dios a los hombres del pueblo, por amor a Abraham, Isaac y Jacob, y sobre todo, la promesa a Adán.

Por eso hablaban con él, delante de los tres discípulos: Jacobo, el que pronto partiría, Pedro, el que entendía al pueblo para dejar escritos para dejar de ser como él de aferrados a lo viejo; y Juan, el amado que no habría de morir todavía. Cada quien, con su característica, serían las versiones que los hermanos tuvieran sobre este hecho. Así, desde el amor, desde la fuerza y desde la potencia los hermanos podríamos disfrutar de la veracidad de este hecho… a su tiempo.

Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos. 10 Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos. 11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 12 Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada? 13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.

Entendemos tras la lectura que prefirieron no preguntar sobre la resurrección, pero sí sobre la profecía dada a ellos de que Elías había de venir. Ahora bien, el Señor no les permitió que hablasen sobre esto sino hasta la resurrección, cosa que ellos cumplieron y obedecieron. La razón es que ellos no tenían el Espíritu Santo y hasta después de resucitar él (y eventualmente, ascender) ya podrían explicar con lujo de detalle este episodio basados en el propio Espíritu.

Y en cuanto a la pregunta, les reveló que era el Bautista, sin decir que era él, la profecía cumplida respecto a Elías. Porque Elías regresó a allanar el camino del Señor, del Profeta de Dios, debido a su lealtad en aquellos tiempos de idolatría del pueblo de Israel.

Hermanos amados: El Señor Jesús es conocido por toda creación de Dios, alabado y reconocido por la corte celestial y aun los demonios y el mismo diablo. Solo la materia física le resiste y no le cree y eso que fue manifestado en carne.

No debemos enseñar más a Cristo en el plano físico o material al interior de la iglesia: esto es, como Jesús solamente, el carpintero, el hijo del carpintero, el filósofo, el revolucionario, el rabí; sino como lo que es: el Hijo del Dios Viviente, el Cristo, el Señor de señores y el Rey de reyes, el Primero y el Último, el Alfa y la Omega, el Cordero de Dios, el Pastor y Príncipe de los pastores, el Maestro de maestros, el Obispo de nuestras almas, entre otros reconocimientos poderosos.

Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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