La maldad de los sacerdotes.
- Cuerpo Editorial

- 10 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
El capítulo 27 de Mateo culmina con esta entrega, apreciables lectores del blog. Este capítulo ha sido muy extenso, pero a la vez muy instructivo. Nos ha permitido el Espíritu discernir estos hechos no como el mundo lo quiere ver: una tragedia, sino como Dios quiere que lo veamos: como un acto profundo de amor, sacrificio y obediencia.
Leyendo Mateo 27:62-66:
62 Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, 63 diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 65 Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. 66 Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
Tenemos que los sacerdotes, necios y sagaces, recordaban toda la palabra dicha y predicha por Jesús, el Hijo del Hombre ya fallecido y puesto dentro de un sepulcro nuevo. Nunca la creyeron para sí, pero sabían que dijo verdades y su profecía de levantarse de entre los muertos les generó mucho prurito en su negra conciencia.
Sagaces por cuanto olían algo extraño en esa frase de resucitar a los tres días, necios por cuanto no supieron que el Poder tal es celestial y no humano, cavilaron que sería una tetra (así como ellos ya en ese tiempo el rito ya no era como Dios lo había pedido hace siglos) de que Jesús pediría simulasen ya después de muerto y que sustrajeran los discípulos su cuerpo y esconderlo en otra parte declara su resurrección.
¡Oh corazones pútridos, que ni la muerte física de su némesis les dio paz! Cuidaron ese detalle incómodo y fueron de nuevo a Pilato para exponerle sus nuevas exigencias. Ellos adujeron que, si los discípulos lograban tal cometido, el “engaño” sería peor pues no tendrían ellos cómo demostrar que estaba muerto sin cuerpo.
El enemigo estaba también urdiendo un plan pues sabía que algo había sucedido. Al haber sido lanzado a la Tierra, ya no tenía acceso a la Corte celestial y solo podría saber de hombres que revelasen su plan, por eso Jesús no reveló toda la verdad a unos hombres que requerían ser investidos por el Espíritu Santo y así cuidar este secreto.
Los sacerdotes infames entonces consiguieron una guardia para cuidar por 72 horas el sepulcro, sellarlo y de esa manera impedir el supuesto fraude.
Tanta era su maldad (inspirados por su padre el diablo) que en lo material y físico cuidaron hasta el último detalle de impedir que Jesús fuese levantado. De una vez por todas librarse de este hombre quien les causó un cisma dentro de su organización (algunos fariseos creyeron en él) y los saduceos avivaron el debate sobre la resurrección de los muertos.
Esta maldad aderezó el color, olor y sabor a condenación, muerte y juicio a estos seres de deshonra, pues quisieron obrar contra el Ungido de Jehová. Cerrar cualquier contacto con el cuerpo creyendo que así libraban la profecía, es otro alegato más en su contra.
Alguien que atente así contra Dios, es como esos sacerdotes: desconfiados, taimados, obsesionados y muy enfocados en hacer maldad que solo agregan evidencia en contra de ellos mismos en el Juicio del Trono Blanco.
También la alarma de que el velo se rasgó. Estaban muy ansiosos y desesperados que el “engañador” ya no causase más revuelo en el pueblo. Los discípulos estaban agazapados consolándose mutuamente y procurando la unidad en tiempos de prueba y difíciles.
Contaban con que ya en el cuarto día el cuerpo estuviese tan corrompido que fuera imposible maniobrarlo sin ser detectados. Pero el Padre, ya vuelto en Sí después del espectáculo en que Su Hijo fue escarnecido, vapuleado y muerto a mano de pecadores, tenía otro plan.
Seguía nuestro amado Señor, Salvador y Maestro en su otra encomienda por tres días antes de retornar a esta dimensión, ya explicada en anteriores entregas. Pronto vendrá el quinto portento, que causó gozo a toda la Creación.
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.




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