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La razón por la que blasfemar contra el Espíritu Santo es pecado sin perdón. 

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 17 ene
  • 4 Min. de lectura

Amados hermanos nuestros: que la paz, amor y gracia del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.

Hemos visto cómo el diablo ha operado en contra de la iglesia y todo lo que es nacido de Dios. A través de la lectura de la escritura, sobre todo en el nuevo pacto, la parte y suerte que tiene el enemigo espiritual de Dios en hacer caer multitudes de reconciliarse con su Creador tras impedir que confiesen que Jesucristo es el Hijo del Dios Viviente y resucitó de entre los muertos.

Además, el aporte que el pecado en la carne del hombre natural en contubernio con la mala entraña de gente perversa y torcida desde su corazón lanza improperios contra la Deidad, el Padre y el Hijo. Tan grande es la misericordia de Dios que pasa por alto casi todas las ofensas y blasfemias, tan solo una: la blasfemia contra el Espíritu Santo.

Pero leamos lo que dice la escritura en Marcos 3:20-30:

20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. 21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí. 22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. 23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. 25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. 26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. 27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa. 28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. 30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.

El Señor Jesús, estando en la carne, hizo muchos milagros. Lleno por el Espíritu Santo, era el conducto que su fe, amor y esperanza tuvieron el límite máximo para realizar estas obras de amor y misericordia para el pueblo de Israel.

La gente era demasiada y en estos hechos incluso la gente fue saciada de pan físico, no solamente del espiritual.

Pero la cofradía de fariseos y escribas, los religiosos, no eran necesariamente azuzados por el enemigo para incordiar a Cristo Jesús, nuestro Señor y Maestro. Ellos tenían sus propios motivos, solitos podían respirar asechanzas, cavilaban maldades y procuraban un desliz cualquiera para poder acusarle. Su inspiración de actuar así no era el amor, sino el odio.

Así como la maldad hallada en Lucifer fue concebida en la envidia y la avaricia, así entre los hombres el afán por causar el mal, mutilar el cuerpo y odiar, matando en vida es como intentan destruir la vida.

Tan es así que a lo bueno llamaban malo, y a quien hacía el bien, esto es Cristo, le acusaban de ser enviado del mal. Y el Señor Jesús no dejó pasar en alto esta afrenta mortal, porque él, siendo carne la esencia operativa de Dios estaba en él. El Espíritu Santo es dador de vida, salud y gracia.

Quien diga lo contrario o mienta diciendo que el origen es el mal o el enemigo, constituye una difamación para la cual no hay retractación que valga. ¿Por qué? Porque si lo dijo, lo pensó y no le pareció mal. Si no le pareció mal es porque así lo cree. Y si así lo cree es porque considera que esa falacia es una verdad. Y si le parece verdad esa mentira es porque tiene su origen en el corazón.

El mismo Señor Jesús les habló en parábolas, para confundir y prender a los fariseos en su propia altivez y estulticia. Tanto el bien como el mal, para tener sentido de existencia, sustancia y presencia deben tener cohesión y unidad. Cada una tiene su consistencia opuesta pero homogénea entre todo lo que le da materia espiritual.

Entonces, decir que el poder de Dios es del enemigo es una blasfemia imperdonable porque es lo que el diablo quiere: ser superior a Dios. Es un imposible, pero cualquier ser humano que diga esto y lo afirme, sabiendo que es mentira, hace que su parte y suerte sea en el lago de fuego y azufre eterno.

El Espíritu Santo de Dios es la acción de la Palabra de Dios Viva y Eficaz. No puede ser su fuente el adversario. No puede nunca un espíritu inmundo de las tinieblas ser mayor que la luz. Si en lo material, en lo que se ve, la luz vence sobre la oscuridad ¿Por qué en lo espiritual sería lo contrario? Esa mentira, ese anatema no tiene perdón.

El alma que pecare de esa forma ya tiene su sello marcado con la muerte segunda y por obviedad eso no aplica a la iglesia, sino a los enemigos de Dios, quienes expuestos a su locura de ir en contra de Dios y de nuestro amado Señor Jesús no tienen freno y están expuestos al fuego eterno si no refrenan su lengua.

Por eso el Señor Jesús lo dejó en claro amados hermanos, para que sepa el género humano a qué tirarle: si apegarse al perdón divino o enfrentarse a la ira de Dios. A partir de ese día toda alma impía, incrédula, todo vaso de deshonra tiene ese riesgo inminente.

Así como de lo malo nada bueno puede salir, de forma análoga de lo bueno nada malo puede engendrar. Lo que es nacido del Espíritu es amor, vida y salud.

Lo que es nacido del mal, es muerte y destrucción.

Lo que es nacido de la carne es corrupción y condenación.

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores y creyentes, en su espíritu rebosante, amén.

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