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La sentencia sobre Jesús.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 jul 2025
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: 23 jul 2025

Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén. 

Debemos recordar que lo que a continuación se redacta no es para tener una esclavizante forma de atar al Hijo de Dios en un suceso físico, sino comprender el proceso que atravesó para transformar la muerte en vida eterna.

La religión de estado que al día de hoy engaña a millones, Tiatira, busca que las conciencias humanas se encuadren en una “pasión” y no en el cumplimiento de una profecía. Cuando Jesús fue sentenciado, fue un momento sumamente doloroso, poderoso y definitorio.

Doloroso, porque el Señor ya había sido flagelado, resistiendo en el Espíritu la activación de su sistema nervioso y la debilidad de la carne. El Padre, así mismo, por Su amor al Hombre, espectador atento al sacrificio de Su Hijo y tener que separarse de Él cuando cargó con todo el pecado sobre sus hombros.

Poderoso, dado que como se mencionó, fue el cumplimiento mayor de las profecías dichas en la historia de la Humanidad hasta ese momento; el parteaguas entre la Edades Antigua y Moderna; y Definitorio, porque el Señor daba por finiquitado y saldado el primer testimonio y ley para dar paso a la promulgación y activación del segundo testimonio: el evangelio y la gracia de la fe para constituir una iglesia mayoritariamente gentil.

En Mateo 27:15-31, dice así:

15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18 Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!

24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.

27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; 28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

Como ya se tiene paz en cuanto al rol de Poncio Pilatos, el gobernador gentil puesto para dictar la sentencia, es momento de analizar por el Espíritu el mensaje de meditación para edificación. De acuerdo con la tradición romana para congraciarse con el pueblo de Judea, se liberaba en la pascua a un preso para su redención vía perdón público en un acto de bondad y buena voluntad. Obviamente el preso era culpable de algún cargo poderoso y por eso representaba una oferta imposible de rechazar por parte de los encarcelados.

Se seleccionó a Barrabás, un preso famoso por sus crímenes en contra del dominio romano para que, junto a Jesús, el llamado Cristo, Rabí o Maestro, pudiese ser liberado por el pueblo de ser posible. Pilatos así resolvió esta estratagema para salir del paso de la sangre de ese justo, pues él mismo, conforme a su experiencia y a su alma, no halló elementos para condenarlo.

Sin embargo, no contó con la maldad y sagacidad de los principales sacerdotes, quienes, al ver a Barrabás -un enemigo público de Roma- supieron que sería difícil soltarlo por el estado romano y notaron que querían soltar a Jesús y se abalanzaron hacia la multitud para convencerles -con mentiras, falsas promesas, engaños, embustes y perversas ideas- de pedir por Barrabás. En Juan 5:43 dice: 43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis. Deja en claro que el clero judío ya había decido que sería de capaz de aceptar a cualquier persona con tal no de aceptar a Jesús.

Tarde o temprano, Barrabás sería apresado o muerto y si Jesús fuese liberado, para ellos sería una derrota monumental. El enemigo también obró para acelerar el resentimiento de la población y llenarlos de ira contra el Cristo exhibido como ladrón y malhechor.

El Padre permitió esto para que el Cordero fuese inmolado y no permitió que nadie se interpusiese en contra de esta Voluntad de sacrificio. Por esto el plan de Pilatos no funcionó, con todo y que su mujer a través de un emisario le confió que no fuese él quien determinase su muerte.

Pilatos, viéndose acorralado por el peso de su función decisoria y la presión espiritual por parte del mensaje dado por su mujer, arengó al pueblo a que tomase parte de la decisión. Quiso insinuar que Jesús era mejor partido que Barrabás a lo que el pueblo mal aconsejado gritó enardecido que no, que Barrabás fuese liberado y Cristo condenado a muerte por cruz.

Aquí hay revelación: en la mente de todo ser humano, cuando es enfrentado con el poder de la palabra, tiene este momento álgido en su mente, corazón y alma. Este instante se repite dentro de cada ser humano consciente y oyente y vuelve a presentarse Pilatos – el “yo” de ese cuerpo- y pregunta a sí mismo -su conciencia y subconsciente-. El diablo y la carne, como los sumos sacerdotes hacen su parte de llenar de encono y enojo a esa parte que dice “crucifícale, mátalo, no lo queremos que reine aquí. No quiero creer y niego que lo que dice es verdad”. Está la batalla espiritual dentro de cada alma que oye.

Para los que somos salvos, no existe esta batalla porque ya estamos ordenados. Es simplemente el llegar a trámite de tiempo-espacio en que regresamos al Camino y por medio de Jesucristo es que creemos que él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Para los que arrebatan el reino, sí existe la batalla y eligen liberar a Jesucristo, porque en ese justo momento de la nada, quieren creer y lo salvan, arropándolo en su corazón. Creen entonces que el sacrificio de Jesucristo es verdad y con su sangre se lavan de la muerte y el pecado. Por eso arrebatan el reino, porque en un principio no fueron escogidos y no oyeron al enemigo ni a su carne y tras oír la pregunta contestan: “sí creo” o con sus actos de fe, misericordia y gracia apoyan o salvan a un hijo espiritual de Dios y eso el Padre lo tiene en cuenta.

Pero para quienes no creen, se repite este pasaje que a continuación, se sigue con el relato de los hechos por consejo del Espíritu Santo.

Pilatos entonces toma un recipiente con agua y se lava las manos simbólicamente delante del pueblo y de Dios clamando a gran voz que él, como hombre y como autoridad no participaba de la decisión de crucificar a ese justo. Y les conminó: “allá vosotros” -en su conciencia-. El pueblo, esa generación que después sería desarraigada y desgajada eternamente clamó, delante de ella misma, de la autoridad y del Dios Vivo: “su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”. Se hizo responsable por el consejo del enemigo, ya no de los sacerdotes, de su condenación.

Aquí el corolario de la anterior revelación: por esto, todos los condenados en su mente y corazón, rechazan a Cristo que viva en ellos, lo crucifican y lo quieren ver muerto, no tanto en la carne, sino en el alma, que es la parte espiritual de cada ser humano. Ese odio es lo que mata y cercena de un tajo limpio su parte con la vida eterna. Precisamente por esto Juan por inspiración en el Espíritu y testigo ocular de esto escribió esto muchos años después:

1 Juan 2:11: Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

También en 1 Juan 3:15. 15 “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”.

Y en la ley mosaica se establece el mandamiento sobre ellos de “no matarás”; y el mismo Jesús a Nicodemo -la ley en los hombres- enseña esto en:

Juan 3:18-20. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas“.

Crucificar en el corazón a Jesucristo es cumplir el relato en esa alma. Gentil o judío, hombre o mujer, anciano o joven, consciente y facultad de decidir, es el destino inexorable. Y aunque en su conciencia diga “yo soy inocente de la sangre de ese justo” no vale la excusa, porque como le toca decidir y cede la decisión a factores o pretextos, su cobardía de arrebatar el reino le condena”.

Leyendo lo que dice en Mateo 27:19:

19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.

Aquí es donde el sueño de la mujer toma importancia porque ¿para qué redactar esto si fuese irrelevante? Porque tampoco Poncio fue excluido de su parte en el sacrificio y de la sentencia, con todo y que delante de Dios clamó que no era por él que Jesús fue muerto. No, pero no lo salvó, así ningún ser humano de la Tierra podrá decir que si Jesús murió no fue por él y que esa persona no pidió eso, como queriéndose zafar del compromiso espiritual de decidir su destino: aunque anteponga pretextos. Así como no se sabe si Pilatos fue salvo o no, tampoco se sabe quién de entre los hombres es salvo o no, hasta que dentro de su alma decida cuando en esta vida tiene la pregunta expresa.

Luego que Barrabás se libera, Jesús es azotado delante de toda la Creación pasada, presente y futura y es enviado a ser escarnecido, burlándose de él por los soldados, el mundo. Todo poder no nacido de Dios es contrario y estos soldados representan esto. La humildad del evangelio es tomada como debilidad y pobreza y de eso se burlan, así como Cristo, de su nobleza, buen corazón y misericordia. Al ponerle el manto escarlata, la corona de espinas y la caña como cetro, se simula sumisión, respeto y obediencia.

El mundo insensato se burla de muchas formas de Cristo, al poner su imagen como sufriente y albergar en su corazón mofarse también es acto de repudio, odio, desprecio y por tanto, condenación.

Finalmente, le vuelven a poner sus vestidos y se disponen a llevarlo al monte donde fue levantado para aliviar la mortandad de la Humanidad.

Hecho esto, la sentencia sobre Jesús, el Hijo de Dios como mudo testigo, se cernió sobre él.

Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.

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