Los insensatos piden señales
- Cuerpo Editorial

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Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amen.
Pondremos en esta ocasión, el texto a leer para que con la ayuda del Espíritu Santo se tenga la revelación en este asunto: Marcos 8:11-13, que dice así:
11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. 12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. 13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.
El mundo, la humanidad y el enemigo son tres sistemas de pensamiento y acción que no coinciden con el Creador ni con su Heraldo de la Verdad: Jesucristo, Hijo de Dios.
El mundo no lo hace porque es una creación que el diablo, junto con el hombre, fue construido y diseñado para emular todo lo que Dios es: provee servicios, estancias, costumbres, ideologías que tergiversan principios espirituales bíblicos y son el gancho perfecto de los perezosos y los renegados.
La humanidad tampoco lo hace porque desde que fueron abiertos sus ojos para conocer el bien y el mal, bajo el mal consejo de la serpiente antigua, con el paso del tiempo se ha dado cuenta que hacer el mal es más fácil que hacer el bien. Entonces, por practicidad y franca necedad transitan por el camino de la contradicción a lo que Dios dice, en lugar de transitar por el camino que es Jesucristo.
Finalmente, el diablo menos, porque sabe que el Heredero de Todo vendrá por él para destruir toda su mala obra, y en lo que llega ese día negro, sabotea toda obra de bien, pone caos en todo orden y divide toda unidad.
Y estos tres, unidos en individuos o grupos, tienen la osadía e insolencia de exigir, demandar señales a Cristo, como si su propia figura humana en ese entonces cuando fue requerido, no fuera un milagro en sí mismo.
Su venida fue una promesa hecha a los antiguos -esos mismos a quienes él engañó, primero con la fruta comida- como fiel deseo del Padre para hallar un punto de contacto para que se inicie la reconciliación. Y Jesucristo vino para ser ese puente de unión a través de un camino creado por amor, fe y esperanza como materias primas no de la tierra ni lo físico, sino de lo verdadero.
Como tal, fue dada la señal: Jesús hombre, el Hijo del Hombre y Príncipe de Paz es la señal dada a los hombres de parte de Dios. Satanás tiene por señal que, tras haberse levantado contra su Dios y Creador y boicotear a Su Enemigo Jesucristo, al llegar éste a su dominio, la Tierra, la perderá, así como perdió todo su poder y gloria, también perderá su vida en el lago de fuego eterno, creado especialmente para él. Perdió todo perdón y perderá su vida cuando el Dios Altísimo jamás vuelva a saber de él en la eternidad.
Se dice que las personas mueren cuando se deja de recordarlas… Así será con el adversario.
El mundo clama por señales para “corregir el rumbo” y se crea en él. La señal que le fue dada a este ente fue precisamente la sangre derramada en ese madero en las afueras de Jerusalén, porque al entrar en contacto lo material y lo espiritual, la tierra tembló, la Creación se estremeció, todas las potencias celestiales miraron con asombro y todo ente vivo sintió esa muerte. Legiones de ángeles listas si el Hijo de Dios clavado dijese una palabra. El Padre mismo viendo cómo su Hijo era la ofrenda de restitución bajo la misma ley que Él mismo promulgó a su adúltero pueblo que lo rechazó innumerables veces.
Esa sangre, que tocó tierra y tocó a la Tierra, es la que nos restituye, nos mata al mundo y nos hace nacer en un ambiente espiritual que nos permitirá resucitar como él resucitó si somos perfectos como él.
La señal dada al mundo es la prístina esencia del Hijo de Dios hecho materia, sistemas diversos en un cuerpo. No puede haber una señal de la señal: la señal al Mundo es Jesucristo venido como Hombre.
Y la humanidad, la perversa clama por su señal. En este caso, no basta con la presencia, no basta con el milagro. La señal dada a los hombres de parte de Dios es el evangelio puro dicho por el propio Jesucristo. Las palabras de vida eterna con las cuales se cree para salvación, provocan un cambio radical en todo ser humano que confiese. La carne comienza a retraerse y el nuevo hombre comienza a surgir.
Este nuevo ser, como cuando Sara en su vejez se rió, como cuando Abram en su vejez recibió, Israel en su seno tuvo y la sociedad moderna a su alcance tiene, tan solo con confesar: “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios y le levantó de los muertos al tercer día” es la señal dada por el cielo a toda carne viva, pensante y consciente.
Es por eso que la señal se negó a dar otra señal además de sí misma, y dejándolos atontados por el propio licor de su torpeza, los dejó tendidos en rabia. Al tenerla y no verla, desdeñarla y exigir otra en lugar de la dada, es que se les negó, perdiéndola para siempre.
Es por eso que es un pecado y un soberano acto de insensatez decir: “¡Ay! ¡Cómo me hubiera gustado vivir en los tiempos de Jesús!”, “Hubiera sido maravilloso oírlo, tocarlo, decirle que lo amo” como muchas veces se ha oído decir a no pocas personas.
La señal dada a la iglesia por el cielo es su pronto regreso en su verdadera forma. Entonces, si ya viene ¿por qué regresar el tiempo y bajarlo del madero y no aceptar la muerte y resurrección? NUESTRA SEÑAL Y ESPERANZA es irnos con él arrebatados, despertados, convertidos en esencia espiritual y vivir con él en el cielo y tierra nuevos.
Así, no nos queda más que renovar nuestro compromiso y rogar para que el número de creyentes sea completado y si es posible, rebasado por los valientes que lo arrebatan, lo más pronto posible para que estos días de estrechez y limitaciones sean dados por terminados y tengamos la parte y suerte espirituales eternos que nos corresponde por la misericordia del Padre y la gracia del Hijo, nuestro Señor, Salvador y Maestro.
Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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