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Ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 18 horas
  • 3 min de lectura

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amen.

Durante el andar de Jesucristo en su predicación de las buenas nuevas, muchos creían en él y se iban a sus lugares. Otros eran testimonio vivo al ser sanados por Cristo y otros, movidos por una fe descomunal, imitaban el poder sanador de Jesús echando fuera demonios, como podemos constatar en la siguiente lectura recomendada del pasaje en Marcos 9: 38-41:

38 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. 39 Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. 40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

El discípulo Juan en su celo, pero también en su ignorancia, tomó nota junto con otros correligionarios suyos de un hombre que hacía milagros de echar fuera demonios en el nombre del Señor Jesucristo, pero que no era enseñado por Jesús ni él había estado siguiéndolos. Por tal motivo, decidieron decirle a ese hombre que no hiciese más eso, porque no los seguía, como si fuese una competencia o rivalidad.

Pero nuestro amado Señor, en su sabiduría contravino tal orden comentando que, si ese hombre hacía eso en su nombre, no podría tomarse como malo o rival, sino al contrario, era una ayuda bienvenida. Y selló esto con su frase de poder: el que no es contra nosotros, por nosotros es.

¿Qué quiere decir esto? Que en la multiforme sabiduría, poder y gracia del Padre y de Jesucristo, todo lo que alabe y predique correctamente el evangelio no puede ser detenido por nosotros, tan solo porque no fuimos el origen o reconozcamos su principio. En estos tiempos, hay muchos modos de dar testimonio y predicar y no debemos juzgar por adelantado, porque para esto Dios se sirve de múltiples colaboradores en todo el orbe para llevar la palabra a toda criatura: etnia, lenguaje, cultura, edad, y estatura espiritual son algunos factores usados para cumplir con esta tareas espiritual.

Nosotros no somos los únicos. Millones hay fuera y todos trabajan para elevar el nombre de nuestro Señor Jesucristo en lo más alto y guardar palabras innecesarias al auscultar las formas, siendo el fondo servir al Señor, la manera es pecata minuta, si además es efectiva.

Y el que prohíbe, cae en riesgo de ser religioso, lo cual hay que evitar a toda costa.

Finalmente, el Señor le regala una promesa a ese hombre y a todos los que hemos sido llamados por él.

Si por causa del testimonio y predicación alguien nos da un vaso de agua, o bien otro tipo de asistencia, aun sin ser creyente, recompensa de profeta recibirá. Es decir, que lo que pida le será concedido y además, tiene su alma cerca de la salvación, si no es que la logra si sirve a siervos de Dios.

Que el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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