No está aquí, pues ha resucitado.
- Cuerpo Editorial

- 16 ago 2025
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Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
Iniciamos con mucho gozo el capítulo último de Mateo, el 28, con el cual se termina el primero de los cuatro evangelios escritos para dimensionar el ministerio de nuestro Señor, Salvador y Maestro Jesucristo en cuatro edades, crecimientos y perspectivas para honra y gloria a su nombre y edificación progresiva nuestra.
En el primer pasaje, Mateo 28:1-10, puede leerse como sigue:
28 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2 Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.
Las hermanas en Cristo, María Magdalena y la otra María tuvieron en su espíritu decidir ir al sepulcro. Fueron inspiradas para ser testigos oculares de estos hechos y narrar así al hermano apóstol Mateo y pudiese registrar estos hechos que ahora nos llegan y nos deleitan en estos días, así como a ellos en su tiempo.
Declaran que hubo un terremoto, el cual permitió que la rueda que estaba sobre la entrada fuese removida por el ángel y así fuese señal a la Creación sobre la ascensión de Cristo mediante la resurrección de entre los muertos. Cristo ya no estaba ahí. Su carne fue transformada en espíritu y no precisó salir como hombre.
Los custodios quedaron como muertos inmóviles al ver esa luz y esta magnificencia de fulgor blanco del ángel, ahora testigos mundanos del poder de Dios.
El ángel luego habla a las mujeres, atónitas del terremoto y de la presencia poderosa del ángel y que les habló de Jesús, quien ya había resucitado y que iba camino a Galilea. También las invitó a entrar al sepulcro, para testimonio de la verdad de sus palabras. Además, les dio la indicación que regresasen y contasen todo a los discípulos y que fuesen a Galilea, pues el Señor habría de verlos ahí un poco más tarde.
Ellas obedecieron en todo, saliendo del sepulcro con temor, de no ver el cuerpo, pero gozosas de ver que nuestro Señor no murió y se corrompió. Así, jubilosas iban corriendo para obedecer y el Señor las recompensó dejándose ver y adorar por ellas, quienes no cabían de alegría, dicha, consuelo y esperanza. El Señor les habla, para seguir dando testimonio que no era un fantasma y dejó que le tocaran sus pies, para que ellas no fueran tomadas por locas, sino que físicamente supieran que había resucitado y les confirmó el dicho del ángel de verlo más adelante en Galilea.
Ellas fueron comisionadas a esto, por cuanto fueron fieles y cuidaron los detalles técnicos del Señor en cuanto al cuidado en la oración. Las amó y dejó consoladas y fortalecidas en la fe en él. Esto también para que los varones pudiesen tener también certeza, y así como por Eva cayó el varón, ahora por el dicho de estas dos mujeres los discípulos fueron ahora consolados e informados de que la promesa del Señor se cumplió a cabalidad.
Momento sublime: ahora ya nada importaba, ¡NUESTRO SEÑOR RESUCITÓ UNA SOLA VEZ Y PARA SIEMPRE! Cumplió con su segunda misión: anunciarse entre los muertos y reacomodar al lugar donde van las almas al partir, para luego ascender a la Tierra por un poco de tiempo más y de ahí subir hasta el Trono de Dios.
Ahora, se gestaba el tiempo de la iglesia, muriendo el antiguo sistema religioso en el acto y comenzando a vivir la vida en Cristo, quien Resucitó.
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.




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