¿Quién es el mayor?
- Cuerpo Editorial

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Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sean con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén.
Después de otras actividades, Jesús y sus discípulos se encontraban en Capernaum para realizar obras evangelísticas; sin embargo, los discípulos debatían entre sí durante este trayecto de viaje. El tema era saber quién entre ellos sería el mayor, el mejor, el líder, el principal. Entre los hombres siempre existe esa competitividad: incluso desde la niñez siempre está la necesidad intrínseca de saber quien destaca entre los demás, como si eso sirviese de algo.
Leamos con atención lo que se dice de este pasaje en Marcos 9: 33-37:
33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. 35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: 37 El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.
Jesùs les dio libertad de ser ellos mismos, y se alejó para pretender que desconocía, pero aprovechó la ocasión para edificarlos en otro principio espiritual. Llegando e instalándose en la casa donde recibieron posada, se acercó y les preguntó, ellos no le contestaron porque de alguna manera intuían que habrían obrado mal.
Y no es que hayan obrado mal, sino que desconocían lo que el Señor Jesús tenía que decir y de hecho, les mandó que se juntasen en torno a él y les dijo que el mayor debía ser servidor de todos. ¿Por qué? Porque quien sirve a todos es quien tiene más amor, pues procura el bienestar de todos antes del suyo (o su bienestar depende de que los demás estén bien primero). Entre tanto, quien quiera ser servido por todos es el menor, por cuanto cierra su corazón al servicio y se hace inútil para todo, dependiendo del favor de los demás.
Ser servido no es ser mayor ni importante, como las monarquías, señoríos, imperios y clases elitistas sueñan con ser así: porque con el tiempo se hacen débiles, dependientes, incompetentes para toda buena obra y por tanto, desechables y desechados por todos. Incluso nuestro propio Dios y Padre es el mayor de todos, pues desde que creó al Hombre ha procurado atenderlo, darle escape de su condenación eterna y en misericordia se brinda mucho antes de Su ira y juicio. Su amor es tal que dio en precio de pago por la redención de todos la de Su amado Hijo; y luego Jesucristo, quien aceptó obedecer por amor a Su Padre y dejó todo atrás, siendo hecho figura humana padeciendo la vida en un cuerpo de carne y sangre, fortalecido por el Espíritu Santo para constituirse en el Cordero Inmolado: al amigo que ama y entrega su vida por la de sus amigos.
Si esto hace Dios, nosotros también. Servir por amor y convicción de fe y no por obligación.
Luego pone a un niño. ¿Por qué? Porque los niños son materia dispuesta al servicio. Aman agradar a quien ellos consideran mayor y por eso se brindan en captar la atención y realizar actividades como forma de demostrar amor. Siendo como niños de alma y conciencia sin maldad, es que servimos como Dios lo hace. Y Dios ama a los niños. Si alguien recibe a un niño recibe a Cristo y al mismo Padre. Por eso los enviados genuinos son como niños.
Un niño espiritual no aspira a ser el mejor, el mayor, el único, el primero, el líder, el indispensable. Aspira a agradar a Dios. Con esta lección dada, los discípulos fueron edificados, y nosotros también. El valor, la humildad y el servicio es otra razón por qué hay pueblos humildes en el mundo y hay pueblos soberbios.
Y en la iglesia NO DEBEN EXISTIR CÚPULAS ELITISTAS, ni clases, ni mayores o menores como el mundo dicta.
Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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