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Tú eres mi Hijo amado, en tí tengo complacencia.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 14 sept 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 20 sept 2025

Amados hermanos nuestros, que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.

Como se leyó en la anterior entrega, el evangelio de Marcos, revelado a él por medio del Espíritu Santo, es un compendio mucho muy práctico, ya que se remite solo a los hechos y por medio del Espíritu se requiere tener una cierta estatura de conocimiento espiritual para profundizar en este menester del reino de los cielos.

Se vuelve entonces necesario poner atención a los detalles plasmados en esta obra de Dios dada a nosotros para comprender cuál es el mensaje de lo Alto acerca de la doctrina y vida de nuestro Salvador Jesucristo, Hijo de Dios. Al respecto, leamos lo escrito en Marcos 1:9-11:

9 Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. 11 Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.

Menciona la Escritura que fue en el río Jordán, el mismo río donde Elías fue tomado y ahora el mismo Elías entrega la estafeta al Profeta de Dios por medio del Bautista. Este tiempo hermoso, de amor y lealtad de parte del Padre a su pueblo de tener el modo de reconciliarse de una vez por todas con éste a pesar de sus fallas no pocas. El amor de Dios para con la Humanidad es tan grande que envió a su propio Hijo para que hablase por Él en los propios términos de lo físico.

Abrirse los cielos no significa que salía el sol detrás de las nubes, sino que literal que se abrió un portal espiritual y por primera vez en la Historia del Hombre el Espíritu Santo, descendió de la Majestad del Trono de la gracia y descendió de manera pausada pero consistente y segura de la porción de Su Espíritu para que la humanidad del Hijo del Hombre fuera llena.

Esta señal fue vista por los presentes quienes atestiguaron cómo Dios se sirvió de Su inmenso poder para actuar como Padre que abastece a Su Hijo en su jornada de dos años. Ellos dieron cuenta que algo bajaba como paloma sobre la cabeza de Jesús, más la perversa tradición vaticana todavía sigue mintiendo que bajó como forma corpórea de una paloma, que atenta contra la verdad.

Si el Espíritu Santo fuese de la forma (efigie, estructura, modelo) de esta ave ¿Cómo pudo introducirse dentro de Cristo, si ya tenía una morfología definida? Literal dice: “… y al Espíritu como paloma descendía sobre él”. No es la forma física, sino la forma de descenso lo que Marcos relata de este acontecimiento. Al decir “sobre él” se refiere a que estuvo sobre su cabeza ungido y al salir del agua se adentró en su alma y de ahí sucede lo mismo con los demás que a lo largo de esta historia hasta hoy lo hemos recibido. De haber sido en forma corpórea entonces todos los que creemos en Cristo tendríamos a una paloma refulgente sobre nosotros y es evidentemente falso.

Finalmente, viene un texto demoledor acerca de la misión de Jesucristo CUYO CONTEXTO histórico y espiritual se halla en Isaías 42:1-9, donde Isaías recibe el mandato de Jehová de guardar estas palabras en la Ley en el corazón y no en una tabla.

Leyendo a Isaías, la promesa a Abraham e Israel se cumple en este pasaje. Leyendo uno entiende -al menos para los judíos- para qué vino y de qué manera iba a servir el Siervo de Jehová a Su causa.

El mismo Dios prometió hablar con Su propia voz a Jesucristo de Jesucristo para que no hubiese duda de quién es él con respecto a los escuchas. Lo cumplió al decir la frase del título de este blog, porque nos parece en el Espíritu que nuestro Dios busca respeto, intensidad de servir, dar y testimonio.

Dios habló a Isaías para dejar ese mensaje al hermano postrero. Así, nadie puede aducir olvido o ignorancia.

A través de Cristo se rompen estas cadenas y celebramos que nuestra humanidad no puede ser privada de este mensaje donde explica el mismísimo Creador la misión del Cordero a los suyos.

Así pues, nosotros también tenemos la complacencia del Padre por haber creído a Jesucristo y darle espacio en nuestro corazón. ¡Bendito sea su Santo nombre por los siglos de los siglos! ¡Amén!

Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.

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