Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén. Amados hermanos, con mucho sentir en el alma, es tiempo de meditar sobre cómo hemos hecho, dicho y pensado estar hoy en este día delante de la presencia del Señor y nuestro Padre. ¿Hemos amado? ¿Perdonamos? ¿Hablamos lo que conviene? ¿Creemos fervientemente? ¿Esperamos con fe? ¿Trabajamos diligentemente? Hablamos de l