¡Cuán difícil es entrar al reino de Dios a los que confían en las riquezas! Parte 2.

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén.
Nuestro Amado Padre es un Ser perfecto celestial que, al pedir de nosotros que no seamos amantes de las posesiones materiales y que no procuremos atesorar demasiado para no terminar como aquel joven que no quiso deshacerse de sus posesiones, tampoco quiere decir que estemos en la calle, en la vagabundez, en la miseria o sin algún patrimonio.
Muy por el contrario, el Señor Jesús nos garantiza, techo, vestido y alimento y salud, más lo demás, según el esfuerzo, trabajo y dedicación viene la bendición de lo Alto, PERO no se espere que se obtenga la fortuna de todas a todas, la “vida resuelta” y la falsa imagen de prosperidad que el mundo es lo que vende como espejo.
Para saber de qué se trata, veamos el fundamento en Marcos 10:17-31, y se cubrirá este tema en tres partes:
17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios.
19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.
20 Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!
25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
26 Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.
28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.
29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,
30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.
Leamos ahora la segunda parte, que es Marcos 10:23-27, dice:
23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.
En esta segunda lección, es que la posesión de muchas cosas provoca una desestabilización mental, pues la ocupación de la manutención de esto y aquello; lo de aquí, lo de allá y acullá genera la preocupación, el afán, la priorización de tales posesiones (lo cual, no es malo, sino lo malo es que la carne y el corazón comienzan a hacer espacio en su limitado haber y sacan lo espiritual para dejar espacio a esto que tanto hay que cuidar (la riqueza).
Incluso, podremos ofrecer el contexto de un versículo antiguo sobre el cual ya el Espíritu exhorataba al hombre a no ser codicioso, avaro ni amante de lo que se tiene por encima de Dios, leyendo a Proverbios 30:8 que dice: vanidad y palabra mentirosa aparta de mi; no me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario. Aunque Dios hace al rico y al pobre, no son para que estén estáticos en estas posiciones, sino para que uno sustente al otro y el otro ore por él uno.
Entonces los extremos existen para las razones anteriores y en el superior, el versículo 25 es clave: cómo se tiene demasiado por la acción del negocio, el intercambio, la habilidad de tomar las correctas decisiones en los negocios, comercio y finanzas y el aprovechamiento de las riquezas viene la negativa de dejarlo ir, porque se cree es propio, le pertenece de “pé a pá” y por tanto, es “injusto” soltar o repartir algo a otros “que no trabajan”, “son pobres porque quieren”, “solo viven de recibir cosas y estirar la mano y tomar gratis del esfuerzo de ellos”.
Vivir el evangelio es aligerar toda carga: ego, dolor, odio, fastidio, soledad, malas prácticas, viejas costumbres, enfermedad, hipocresía, falsedad, doble ánimo y también las posesiones.
Cuando el Señor dijo que la Verdad nos hará libres es entender que las muchas posesiones también son ataduras y también hay que deshacerse de ellas. Porque separan al alma del hombre de disfrutar del amor de Dios por cuanto solo come y bebe afán.
También, como ya leímos en Mateo, dijo nuestro sabio Maestro en Mateo 6:19: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones hurtan y minan…constituye la definición de lo que dice ahora en Marcos 10:25: Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Las personas ricas dedican todo su tiempo en evitar estos procesos físicos y naturales: polilla y ollín (deterioro, descompostura, rompimiento, agotamiento, muerte, corrosión, oxidación, consumo, plaga, etcétera) y procesos sociales como los ladrones que hurtan y minan (robo, pérdida, devaluaciones, extorsiones, chantajes, fraudes, expropiaciones, malas ventas, malas decisiones, desconfianza, inseguridad, codicia, sugestiones, paranoia, etcétera) y ahí se les va la vida. Es más importante todo lo anterior que desear entrar en el reino de Dios. No hay tiempo y ¿para qué?, pueden ellos musitar.
Con esto, se tira por la borda que sea Dios o Cristo quienes no quieran al rico o lo odien… ¡Nunca! Es solo que los ricos se olvidan de Dios por amar las posesiones y su corazón está lleno de afanes sin espacio al amor, a la fe, al Espíritu POR DECISIÓN DE ELLOS. A esto se refiere el Señor Jesús y los discípulos se alarmaron. Ya luego por el Espíritu tuvieron paz, pero en ese momento, creyeron que era imposible ser salvo si se tenían posesiones.
Y es que el error del hombre estriba en que llega a creer el sofisma de que su trabajo es la base de la riqueza, cuando olvida que es Dios quien bendice. Es decir, que el hombre tiene que trabajar y por sí mismo mantener todo bajo su control. Olvida al exterior y se concentra en lo interior de su pensamiento y sentimiento. Por eso, muchos de ellos solo hablan de sí mismos, muchos de ellos son ciegos y sordos.
Pero tras la pregunta de sobre cómo podría ser salvo, Jesucristo resuelve con total autoridad: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. Es decir, que no todos los ricos son como se describe arriba. Cuando dijimos lo de arriba, es a quienes no confían en Dios; pero también se estableció que Dios hizo al rico. En otras palabras, Dios tiene pueblo en todos lados y crea personas que, a pesar de tener muchas riquezas, también en su corazón le dan la prioridad a Dios, porque ellos en humildad y sacrificio saben que están hechos para el servicio al prójimo. El mundo les llama altruistas, pero estos son solo evasores de impuestos en algunos casos. Más el rico que Dios provee para Sí, estos renuncian a sus riqueza dando a los pobres sin esperar algo a cambio.
Hay hermanos renunciados a estas posesiones: hay hermanos que tienen y comparten, generan y reparten; producen y apoyan; poseen, pero no niegan de lo suyo a otros. Esto es lo que a los hombres es imposible, pero para Dios es posible. Ningún hombre podrá imitar este quehacer espiritual, dado que lo hará por algún motivo “en lo oscurito”: dación de cosas viejas, devaluadas, usadas, fuera de moda, obsoletas, con algún grado de deterioro; entrega de dinero o algunas posesiones para declarar pérdidas y evadir impuestos; o bien, simulaciones para favores políticos.
Entonces, amados, si llegamos a tener riquezas hay que renunciar a ellas y usarlas como medios de bendición a los hermanos pobres: a los creyentes en prueba, persecución, enfermedad, en injusticia, encarcelamiento; a los desposeídos, a los huérfanos, a las viudas, a quienes no pueden valerse por sí mismos. Entre más se de, más el Señor dará para continuar con este flujo de proceso de amor entrañable.
Solo dejamos esto como evidencia: Dios dio su mayor amor: a Su Hijo, por nosotros a que muriese en lugar nuestro. Este Hijo fue desprovisto de todo y fue uno de nosotros. ¿Y qué, entonces cualquier cosita de lo que tengan, no pueda ser devuelto con ese mismo amor entrañable venido del cielo? No se nos da para tener, se nos da, para dar. El mundo no lo entiende.
Que el amor, la gracia y la misericordia de Cristo Jesús, nuestro Señor, sea en todos ustedes amados hermanos, amén.

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