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¡Cuán difícil es entrar al reino de Dios a los que confían en las riquezas! Parte 3.

Foto del escritor: Cuerpo Editorial
Cuerpo Editorial
hace 19 horas
5 min de lectura

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén.

Nuestro Padre y el Señor Jesucristo no buscan, como ya se estableció en el anterior blog, que seamos miedosos o temerosos de tener algún terreno o propiedad, sino que el temor y temblor es no ser hallados amando más que al propio Padre.

Es una actividad que demanda mucha lealtad y fidelidad, porque el enemigo y la carne, así como el mundo poseen muchos recursos para tratar de disuadir de ser fieles a Cristo, de voltear la mirada y poner el corazón en lo que ya se explicó en las anteriores dos editoriales.

Y aunque se lea imposible, en el Espíritu no lo es, sino más bien, posible.

Para saber de a qué nos referimos en esta última entrega, veamos el fundamento en Marcos 10:17-31: 

17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20 Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. 28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. 29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.

Leamos ahora la tercera, que es Marcos 10:28-31, dice:

28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.

29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,

30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.

31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.

Aquí, tras leer esto, podría sonar a reclamo y de hecho lo es, pero es un reclamo inspirado en la decisión de seguir a Cristo. No es una exigencia o demanda, sino más bien una declaración de lealtad y compromiso hacia el Maestro. Ellos, en su pobreza, dejaron todo lo que tenían: su vida, su familia, su modo de sustento, su vida íntima, su modo de empleo, sus costumbres y tiempo de ocio secular.

Cambiaron su decisión en cómo invertir su energía, su tiempo y su espacio. Esto es la lealtad y lo que aquel mancebo millonario no pudo ver y no quiso seguir.

Seguir a Cristo es ser pobre para él. No habla de posesiones: habla de tesoros internos que tenemos: nombre, apellido, ciudad, ciudadanía, autopercepción, ego, carrera, trabajo oficio, familia, mis mejores virtudes, mis mejores talentos, mi inteligencia, razón, lealtades a cosas o personas, creencia, costumbre, tradición, gusto por el pecado, todas esas cosas que construyen el “yo” natural y que todos ven a uno desprovisto de todo y que Jesucristo por su poder restituye y constituye. 

Pero si no se puede desprender de algo caducible como cosas y artículos, algo deteriorable como casas y terrenos, algo que se pueda robar como dinero y joyas, posesiones que ve ¿cómo podrá soltar lo que no ve, porque está dentro de sí? Aquí vuelve a probarse la imposibilidad para los hombres y la posibilidad milagrosa y maravillosa de Dios.

Si se fijan al leer con atención: dejar de amar por las cosas materiales da la libertad de disponer de ellas sin dolor: usarlas, mantenerlas, trabajarlas, rentarlas, venderlas, producirlas, darlas, cederlas, regalarlas, invertirlas, etcétera, el falso dolor a “perderlas”. NO ES UNA PÉRDIDA, ES REINVERSIÓN EN ALGO MUCHO MEJOR.

El mismo Señor Jesucristo nos lo dice: si perdemos familia por amor a su nombre, nos da una familia de hermanos, hermanas y madres (viudas) e hijos (huérfanos). Si cedemos cosas materiales, habrá techo de vivienda y alguna posesión para vivir, pero también la persecución. La tercera es porque no debemos tener apego a lo terrenal y la persecución implica también un cambio de ubicación para dar testimonio.

Entonces, seguir a Cristo es dejar la atadura de la falsa riqueza y tener toda la sustancia, presencia y esencia listas para ser transformadas para captar la verdadera riqueza: la vida eterna, aquella que no puede ser corrompida, robada o destruida por el tiempo.

La restitución que nuestro Señor y Pastor Jesucristo nos ofrece es total, es completa y es verdad. No es como el mundo: sujeta a estira y afloja, depende de factores externos; fraudulenta o embaucadora y está asegurada por su propia muerte y resurrección.

Y al final, pone un sello al pueblo judío. Esos primeros en oír serán los últimos en entender y estar; y los últimos en oír, entenderán antes y pasarán primero a disfrutar estas promesas. ¿Por qué? Porque ellos no amaron a Dios por la tierra donde fluía leche y miel; amaron la tierra donde fluía la leche y miel, a pesar de Dios.

Debido a que su propia pobreza espiritual se convirtió en su lastre, muchos judíos son amantes de poder, dinero, fama, influencia, reconocimiento y conocimiento, menos de Dios. Esa promesa de que ellos poseerían la tierra entró tanto en su corazón que eliminaron a Dios y Su Ley para -en los tiempos de Jesús- intentar reconquistar Judea, Samaria y los territorios del antiguo reino y ahora -eliminan a Cristo y su evangelio- para conquistar al mundo y sus recursos.

Entonces, para ellos se viene una demanda muy fuerte: dejar atrás esa creencia loca y volver a empezar recorriendo el único Camino hacia la vida eterna. Esa es su señal de pobreza que se les pide a ellos; por eso, el joven rico se fue y no da testimonio la escritura de que regresó. Nosotros, por gracia somos esos últimos que entramos primero; sin embargo, el amor al dinero genera insaciabilidad y muchos tesoros no darán fruto, parafraseando a Eclesiastés 5:10, situación que en nuestros días es lo que se ve.

Que el amor, la gracia y la misericordia de Cristo Jesús, nuestro Señor, sea en todos ustedes amados hermanos, amén. 

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