De los niños es el reino de Dios

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén.
Amados hermanos nuestros, damos gracias al Padre en el nombre del Señor Jesucristo porque en cada escritura nos enseña una gran lección sobre cómo debemos de ser y parecer en los asuntos de la fe y que siempre tenemos esperanza de llegar a ser como Jesucristo en todo.
Aunque muchos duden y yerran diciendo que no se puede llegar a esa perfección, lo cierto es que se resisten a tirar sus dogmas esclavistas y derrotistas. Leyendo el evangelio, encontramos no solo lectura poderosa: también sabiduría viva, conocimiento práctico y un modelo de vida a seguir que proporcionan los ingredientes necesarios para la manufactura por parte del Padre de tal perfección.
Y un requisito previo es ser como niños. Leamos lo que dice el Espíritu en Marcos 10:13-16:
13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14 Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15 De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
Tan hermoso como edificante. Quien escribe, recuerda cómo le trataban cuando era niño: con dulzura, paciencia, cariño, mimos en las iglesias. Aquí en la iglesia, los recién convertidos son nuestros niños, igualmente adorables y hermosos en su andar, novatos y sin malicia. Nuestro Señor Jesús los ama, tanto a los infantes como a los niños espirituales.
¿Por qué? Porque los niños no tienen miedo a amar, carecen de los prejuicios de los adultos y ciertamente la maldad en ellos no se ha desarrollado como ocurre en la mayoría de edad. Tienen una energía total, contrastante con la de la veteranía o senectud. En general, son valientes y curiosos por aprender: retienen todo lo que se les enseña y rápido asimilan o hacen preguntas.
Sin embargo, los ignorantes, los religiosos y los malvados los desprecian y tratan de abusar de su nobleza por cuanto buscan crear gente abominables como ellos. Por eso dice que el Señor los bendecía, tomándoles en los brazos. No es que sean débiles ni vulnerables, sino que él los respalda. No se trata de minimizarlos, sino de encumbrarlos en la verdadera fe y en la Verdad de Dios. Los niños espirituales heredan el reino de Dios porque su mente capta el verdadero propósito de Dios en la vía del ser humano sin filtros y no necesita de traductores o intérpretes.
Ser niños para Cristo es aceptar el primer amor, recibir el don del Espíritu Santo y gozar las mieles de ser atendidos por el Creador de los Cielos y la Tierra.
Eventualmente, el Padre se goza cuando estos retoños crecen y se hacen fuertes para la defensa de la fe, por amor a Cristo, nuestro Señor, Salvador y Maestro. Nuestro Cordero Inmolado se goza en la tutoría que nos da en las primeras etapas de la vida para ser dignos de ser sus amigos en la lucha contra los enemigos de Dios.
Sin dejar de luchar por crecer, sigamos siendo niños, para ser los protegidos del Padre y los bendecidos por el Hijo, para ser talentos útiles para el testimonio por el Espíritu Santo. Nunca dejemos que los prejuicios, las religiosidades y el mundo tiznen nuestra esencia infantil para la maldad.
Que el amor, la gracia y la misericordia de Cristo Jesús, nuestro Señor, sea en todos ustedes amados hermanos, amén.

Comentarios