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Editorial 608: Las profecías del mundo vs las profecías del evangelio 

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 27 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 10 ene

Que la paz y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes amados hermanos, en su espíritu, amén.

Siempre en el último mes de cada año, en diciembre, se dan la locura, el morbo y el placer de jugar a ser Dios, pitonisos, adivinadores y lectores de las señales del cielo para determinar el futuro que PODRÍA (Léase con la interpretación de: será, pero si falla no es mi culpa y seguiré mintiendo) suceder en el planeta, en algún continente o país. Casi siempre refiriéndose a la religión asentada sobre los siete montes como “la iglesia” de Cristo; o al país del águila calva en Norteamérica como referencias del “fin del mundo”, del “apocalipsis” y de la caída de un orden mundial para que llegue otro.

Como el mundo no tiene a Dios ni a Jesucristo en su motor de vida, sino al mismo satanás, están espiritualmente muertos y siguiendo su patrón de conducta retrógrada, tuercen lo que ya está escrito, así como generar predicciones basadas en antiguos conocimientos paganos, manipulación de la ciencia y tecnología, práctica de religiones, abominaciones y tradiciones de adivinación y prestidigitación para crear una nueva onda desinformativa con tintes de dogmas, teologías, ensayos, enfoques políticos y económicos, militares y culturales.

Todo este cúmulo de venenos cognitivos se mezclan en el caldero de estos pervertidos espirituales para hacer caer a millones con sus supuestos poderes. Los mismos hechiceros, agoreros, adivinos, prestidigitadores, pitonisos y algunos con el descaro de llamarse profetas se engrandecen y con el uso de las redes sociales expanden la peste de su mentira.

Que si una señal del cielo; una monja; un obispo; un revelado entusiasta; alguna sociedad o comunidad específica; niños; algún dicharachero medieval; poetas y religiosos “ilustrados” han servido para sostener el sofisma sobre cómo la especie humana (incomprensible cómo revuelven tantos conceptos e ideologías y que solo los hijos de Dios por la fe en Jesucristo hallan la hebra que destruye sus falacias) fenecerá.

Lo único verdadero es que las profecías existen, pero no como ellos creen. Lo que está escrito por los antiguos profetas que ya se cumplió en su mayoría; lo que está escrito en el nuevo pacto por los colaboradores de Dios y los mismos dichos de nuestro Señor Jesucristo están sellados para que solamente puedan torcerlos tras leerlos, pero nunca revelarlos antes de tiempo ni con la razón.

Nuestro Padre ha puesto especial cuidado en volver locas esas mentes que deliran por atisbar el futuro de manera ilegal (siendo saltadores de la fe genuina en Jesucristo como el Hijo de Dios) y el Señor Jesús seca todo intento de encontrar pistas de lo que sucederá si no es a través de su voluntad y permisión. De manera análoga el Espíritu Santo, la llave de conocimiento espiritual no está ni vive en esas almas adúlteras, siendo así como la Verdad se oculta a esos entes de engaño.

La profecía es un don que solo Dios da a Sus Hijos, quienes son virtuosos, santificados y preparados por Él desde antes de la fundación del mundo para ser depositarios del porvenir. Como ya se ha establecido anteriormente, la profecía tiene efectos de corto y mediano plazo y afecta a una cierta región. Los principales eventos mundiales ya fueron predichos, es decir, no hay nuevos agregados ni nuevos personajes fuera de Jesucristo mismo.

De manera que, si alguien pretende decirnos cómo es que se darán las cosas el tal es mentiroso y se condena a sí mismo, porque pretende suplantar a nuestro Salvador como el Profeta de Dios. Por eso y de esto escribió Moisés hace muchos siglos de que tiene que oírse al profeta que se habría de levantar entre ellos, como dice Hechos 3:22.

En segundo plano, analizar las narrativas de ambos tipos de profecía. Además de ser mentira, las mundanas son solamente condenaciones, desgracias, castigos inmisericordes haciendo énfasis en un ser extraterrestre implacable, o bien, algún ente humano como en las historietas de ficción, sociedad secreta como en series o películas o seres celestiales como su perversión les dicte.

En cambio, los dichos de la escritura son eventos específicos, descritos en un lenguaje preciso que solo por el poder del Espíritu Santo dan cuenta de las pistas que solo los escogidos pueden interpretar y, por tanto, seguir. ¿Cuál es el sentido de una profecía, si cualquiera pudiese entenderla? Si una profecía, en lugar de ser un acto de condena y sentencia es más bien una advertencia fuerte del peligro que se avecina si no se toman las medidas pertinentes fuese seguida por todos, nadie saldría herido. Pero como la ignorancia, incredulidad, soberbia y rebeldía brotan como torrentes de agua en inundación en el sentir de los hombres, por eso hay fatalidades.

Dicho de otro modo: si algo tan simple como un evidente pronóstico de inundación (que es una burda forma de profetizar un peligro) personas desatienden y luego sufren consecuencias y los demás lloran y se quejan de por qué murieron ¿cómo no caerán víctimas si no es por su propia necedad e incredulidad en los asuntos espirituales?

Además, las profecías no son solamente juicios o peligros venideros: también son promesas y recompensas a quienes creen y luego obedecen siguiendo las indicaciones dadas. Nuestro Señor Jesucristo basa su evangelio en profecías bondadosas, llenas de misericordiosas recompensas y amables destinos quienes deciden por voluntad propia buscarlas para sí. Porque como es nacido de Dios, sabe lo que es bueno y agrada a Dios y por tanto, nada malo puede emanar de esto.

Finalmente, concluir por el Espíritu Santo que las profecías son realmente mensajes de prevención, tanto para evitar el mal como para poseer el bien; mas el mundo como siempre toma solo lo malo para tratar de desprestigiar y manchar el Santo Nombre a invocar y ellos prefieren jugar a ver quién atina el destino más fatalista y así lucrar con el miedo, el terror y la falta de fe de multitudes enteras.

Paz a vosotros amados hermanos: si oyen que esto viene, aquí será esto, allá vendrá aquello y se aventuran incluso a dar fechas -como un ignorante quien da una fecha a finales del venidero año que todavía no asoma el presente como punto de inflexión de la Humanidad- solo desoigan y sigamos en nuestra labor informativa.

La verdad está en quien profesa a Jesucristo y vive a nuestro Señor. Punto. El futuro, también.

Los demás emulan, pretenden y se desgarran las gargantas para lograr atención, dinero y creencia de los muertos. Pero quienes vivimos y morimos para Cristo Jesús, Señor nuestro, el único con el porvenir en su mano es precisamente él, a quien servimos. Nadie puede arrebatarle un dicho, una revelación. Nadie fuera de él puede reconvenir o explicar mejor lo ya dicho.

Lo que se diga fuera del Espíritu es mentira y ya sabemos quién es el padre de mentira y cuál será su destino ciertamente y quienes siguen sus pasos con vehemencia. Si son débiles al respecto, procuren no oír, buscar o leer esos mensajes porque engañan y debilitan. Si son fuertes al respecto y el Espíritu les muestra, defiendan con celo la Verdad y al Verdadero. Que el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu amados hermanos, amén.

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