Editorial 626: Nación y pueblo impostores
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- 2 may
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Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén.
En el pasado editorial, por permisión del Espíritu para escribir se habló sobre cómo pervertidos de las buenas nuevas usan la palabra para encumbrarse como enviados, lo cual constituye una flagrante falta a la Verdad.
Ahora se verá por qué la iglesia no puede caer víctima del falso mensaje sobre la nación puesta en Oriente Medio, que se jacta de ser la nación de Dios y el pueblo escogido. Esa nación que miente como el diablo, engaña como el adversario y al día de hoy niega a su Rey coronado, JESUCRISTO, EL HIJO DEL DIOS VIVIENTE ADONAI.
El Primer ministro de esta nación no en pocas veces de manera hosca, grosera y cínica cita los antiguos rollos proféticos donde se hace pasar por descendiente davídico o salomónico y se autounge como enviado de Dios a cumplir la promesa en la etapa josuética de conquistar la tierra donde fluye leche y miel.
Necedad, torpeza y mezquindad se oyen. Y el mundo y ciertas facciones dentro de las congregaciones todavía caen en ese mortal canto de sirenas y hacen campañas de oración, realizan propaganda política y, por si fuera poco, promocionan eventos de financiación, todo para que esta nación llegue a buen puerto en su empresa a decir de ellos.
Mucho celo espiritual provoca esta majadera estrategia distractora -eficiente- del motivo de nuestra estancia aquí: dar testimonio, confesar a Cristo, predicar y anunciar las buenas nuevas.
La iglesia no es Israel y viceversa.
Si alguna vez Israel desea ser salva, tendrá que postrarse -como todos- y confesar a Jesucristo como Señor, Salvador y Maestro.
Pero lo mataron y sobre su descendencia su sangre derramada sigue clamando en contra. Al día de hoy, no lo nombran algunos, otros lo niegan y algunos ni lo conocen en su misión espiritual. Escucharon de él en forma humana o histórica, pero no han profundizado en saber de él. Por eso esta nación no es ni será de lo que se habla en las escrituras.
Pero entonces ¿Qué nación o pueblo se habla, si no es este gobierno o estado? De los redimidos. Del remanente apartado, así como en los tiempos de Elías donde esos 7 mil fueron apartados y no murieron, así el Padre tiene apartadas familias para Su promesa a cumplir pues ellos verán y confesarán a Cristo como el Rey de Israel que Dios prometió en tiempos de Samuel, mucha mejor opción que las genealogías de hombres falibles es el Hijo mismo de Dios como heredero soberano y único al trono de Israel, el pueblo escogido de Dios desde que sacó al babilonio Abram de Ur y que incluye a todas las simientes de la Tierra a través del Señor Jesucristo, mediador entre Dios y los hombres.
Habrá quien pregunte: ¿Pero cómo esto es posible? Los redimidos y escogidos, los 144 mil y los valientes que arrebaten el reino en aquellos años por venir, cuando el mismo Señor Jesucristo haga acto de presencia ellos serán ese Israel espiritual será sobre quienes se cumplan estas promesas del final de los tiempos.
Cabe aclarar que el Israel fìsico ya pasó, ya tuvo su dispensación y tuvo su lugar. Llegó el Señor Jesús a restaurar las cosas y desde entonces seguimos en esta dispensación. La restauración del reino de Israel será obra del Cordero de Dios dentro de un poco de tiempo más y eso no nos compete hablar a la ligera, como ciertos personajes malévolos hacen soezmente.
El Espíritu Santo ciertamente da luz al respecto, pero solo a aquellos que tengan la gracia y la habilidad de manejar esta información con sumo cuidado.
Lo que a nosotros respecta es dar testimonio, preparar a la siguiente generación de lo que sigue y procurar la salvación de las almas de nuestra época. Además, procurar la gracia y la dicha de saber los tiempos para que se den los consejos pertinentes en amor de cómo hay que seguir trabajando la obra espiritual y no para dar exclusivas mediáticas.
Recordemos amados hermanos que nosotros tenemos la gracia de ser hermanos espirituales de Jesucristo, nuestro Señor, Salvador, Rey, Maestro y Obispo. Los judiós sólo tuvieron la dispensación de ser pueblo, no familia. Ahora en Cristo cualquier ser humano puede ser familia espiritual de Dios: hijos suyos y hermanos, hermanas y madres de Cristo Jesús, si le confiesan como el Hijo de Dios quien resucitó de entre los muertos con toda su alma, mente y de corazón audiblemente.
No hay que dedicar recursos, tiempo, oración y fe a esos asuntos entre particulares, intereses privados y agendas personales de acumular poder y riqueza. Esa nación y ese pueblo son impostores. La nación santa de la que habla Pedro es la iglesia de Jesucristo y el pueblo escogido son todos aquellos que confiesan a Jesucristo como el Hijo de Dios. Parafraseó el apóstol para confirmar que la promesa celestial es reformada y actualizada, porque de otra manera los gentiles no tendríamos esperanza alguna, más ahora, somos coherederos de la gracia nueva en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Así que, echen fuera a quien siga queriendo hacer politiquería, busque recaudar dinero para enriquecer blasfemos y torcer el sentido de la atención a lo que no sea la misión que nos impuso nuestro Señor Jesucristo. La lepra espiritual es contagiosa y no puede uno darse el lujo de contaminarse por cobardía o “verse mal”.
Que la paz, la gracia y misericordia, así como el amor de nuestro Señor Jesucristo sean plenos en su espíritu, amados, amén.

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