Editorial 628: Oración al Hijo, Señor nuestro
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Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén.
Bendito Señor Jesucristo:
Alabado sea tu santísimo nombre por siempre y para siempre por toda lengua y por todo ojo que te vea.
Todopoderoso Señor: el que era, el que es y el que ha de venir, todo el poder y magnificencia sean para ti, por tu sacrificio y muerte injusta pero necesaria en la cruz, para redención del género humano.
Gracias Señor Jesucristo por tu despojo por obediencia al Padre, por la fuerza que nos enseñaste que la perfección existe y es posible alcanzarla a través tuyo.
Gracias, hermoso y amado Hijo de Dios, Salvador de los Hombres y Señor de todo señorío espiritual y físico, Rey coronado y victorioso de todo reinado y potestad en los cielos y en la Tierra. Larga y eterna vida porque por medio de esto nos has dado vida y vida en abundancia,
¡Oh, Cristo amado! ¡Nunca permitas que salgamos de tu camino, seamos sordos a tu voz y bebamos agua que no sea la tuya! Reconocemos que tú eres la vida y nosotros los pámpanos y fuera de ti nada podremos hacer. Sin tu sabiduría y ciencia, amado Jesús, nunca podremos agradar al Padre.
Glorificado sea tu santo nombre porque según el camino trazado por ti es que llegamos a la Patria Celestial, nuestro destino eterno. Éramos ovejas sin pastor y ahora tú nos pastoreas. Declaramos con toda seguridad y a los cuatro vientos que no hay pastor fuera de ti, no hay pastora ni hay otro por encima de ti, Cristo amado, tan solo nuestro Padre quien te ha colmado de todo poder, reino y gloria.
Señor Jesucristo: santíficanos en la Verdad, en ti purificarnos por medio del Espíritu Santo, el mejor regalo que la Deidad nos dio, además de la salvación. Guarda nuestra alma, mente y corazón para no desatender tu palabra y nos quedemos sin aceite.
Permite bendito Cristo Señor y Salvador nuestro, que siempre nos halles trabajando en tu obra, porque la mies es mucha y los obreros pocos. Ayúdanos Señor Jesús a dar buen testimonio, por el Espíritu Santo sepamos qué hacer, a dónde ir y qué decir.
Mantennos en el espíritu de iglesia de Filadelfia, que tu amor nunca se apague, nunca nuestra fe se debilite y jamás nuestra esperanza de marchite, sino todo lo contrario: crezcamos por tu palabra y poder con la venia del Padre, para alcanzar la estatura del varón perfecto.
Señor Jesús, declaramos que tenemos en poco todo, nuestra vida, nuestra carrera, nuestro pensar y nuestro vivir si no es contigo. Morimos para ti para vivir por ti. Entregamos todo lo que somos para que lo transformes en el ser espiritual y tú estés orgulloso de nosotros.
Cristo bendito, Rey de Reyes y Señor de Señores: amamos tu venida. Pedimos y rogamos que vengas a liberar a tu iglesia de este yugo de lucha contra el mal, el malo, el mundo y el hombre. ¡Ven Señor Jesús!
Maestro bueno y perfecto: sigue enseñándonos a vivir piadosa y honradamente, en discreción y cordura, alejados e inmunes a la locura mundial. Nunca nos desampares y exponemos ante Abogado Fiel y Verdadero nuestras causas para que nos libres de males, falsas acusaciones y defiendas nuestro testimonio.
Obispo eterno de nuestras almas: somos tuyos y somos materia dispuesta a ti. Moldéanos, alfarero perfecto, para que seamos vasos de honra dignos en este siglo a tu causa reconciliadora y salvadora de almas. Ministra todos los tesoros espirituales e inescrutables de Dios. Usa los altares de nuestro corazón para mostrar toda buena obra y sea agradable a nuestro Padre Celestial que habita en los cielos.
Concede, poderoso Señor nuestro, seamos dignos de dar mucho fruto; podamos dar mejor uso a los dones del Espíritu y nunca permitas seamos víctimas de los enemigos tuyos. Aleja de nuestros entornos a los perversos torcedores de tu palabra, pues solamente tú eres mediador entre Dios y los hombres.
Cuida nuestra alma, nuestro corazón y mente de toda enfermedad espiritual, Cristo bello.
Te rogamos por nuestra nación para que todos los ordenados para salvación sean alcanzados y así se llegue al bendito número de los redimidos para esta soberanía. Incluso que por el poder de tu palabra, sean muchos los valientes que arrebaten el reino y entren con el poder de fe a la Patria.
Por último y amado Príncipe de los pastores: ministra tu evangelio y fortalece a tus amigos colaboradores en el campo de acción: profetas, evangelistas y enviados a predicar. Pon en sus labios el mensaje de tu sana doctrina. Da energía, ciencia, inteligencia, provisión y refugio a todos ellos y si somos dignos de recibir a alguno bajo nuestro techo, prepáranos para no fallarte.
Bendito seas León de Judá, Rey de Israel y la Verdad hecha materia espiritual: Potencia, poder, gloria y majestuosidad, alabanza y reinado por siempre y para siempre, amén. ¡No tardes en tu venida, Poderoso HIJO DE DIOS, Señor y Salvador nuestro! Amén.
Que la paz, la gracia y misericordia, así como el amor de nuestro Señor Jesucristo sean plenos en su espíritu, amados, amén.

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