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Editorial 631: Impropiedades de muchas congregaciones en la actualidad. Parte 1, la estatua dorada.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 9 horas
  • 3 min de lectura

Amados lectores y hermanos, lo que a continuación se redactará por permisión y gracia del Espíritu Santo no será del agrado de algunos, pero no estamos en estos tiempos -en realidad en ningún tiempo- para agradar ojo, oído o conciencia humanos, sino para agradar a Quien dio su vida en rescate de muchos, esto es: JESUCRISTO, EL HIJO DEL DIOS VIVIENTE.

En pasadas semanas, surgió en las noticias sobre que muchas congregaciones en el país vecino del norte, cooperaron para dirigir una estatua de cierto dirigente polémico, enloquecido y atormentado por su propia vanidad de ser igual a Cristo. Incluso, enloqueciendo redes sociales se antepuso en figura idolátrica como un pastor o redentor de la sociedad mundial.

Esto, amados hermanos, es anatema, es vergüenza y es intolerable. ¿Qué biblia se está leyendo? Si muchas veces en películas y relatos, cuentos y predicaciones se recuerda el pasaje cuando Aaron creó un becerro de oro ante la “tardanza” de Moisés de bajar del monte, mientras recibía las leyes de Dios dadas por el mismo Dios.

Tan sordos son algunos líderes. Tan ciegos ciertos pastores, tan insensatos e iletrados otros que se ufanan de ser cristianos que han creado otro becerro, ahora en forma humana. Y no solo eso, le siguen como si fuera su Señor.

Nunca la biblia menciona que seamos ovejas de políticos, que seamos donantes activos en políticas de extrema derecha o izquierda, que se done dinero a prácticas mundanas y que aparte, sirvan de micrófonos propagandistas de que tal o cual candidato sea fortalecido con dinero de la iglesia para la iglesia.

No contentos con esto, en lugar de orar por las autoridades, atar injusticias, corrupción, cohecho y actos delincuenciales ocultos; desatar bendición, misericordia, amor, fe, milagros y se agreguen más salvos, hacen cosas por las cuales el Señor no murió en la cruz.

Amados, la carta es fuerte, pero es que el pecado, la ceguera y la soberbia son grandes. El personaje en cuestión se ama a sí mismo, no da gloria ni honra a Jesucristo y coquetea con que simula ser el pastor y líder de su país y el mundo. Usa la palabra como escaparate de su dogma político; abusa de las mentes débiles y crédulas, que no tienen fortalecido el Espíritu Santo.

Hay que renunciar a estos actos, por eso se ora, para saber por quién votar, no para candidatear personajes mundanos. Muy claro fue el Señor Jesucristo: mi reino NO ES DE ESTE MUNDO. Tampoco creer y seguir ingenuamente en la nación Israel, que no es el pueblo espiritual de Dios (la iglesia de Jesucristo es el pueblo de Dios ahora, por la sangre derramada en el calvario).

Hay mucho que hacer, el Señor Jesús ¡ya viene! Cada día que pasa, la iglesia, los hermanos deberían prepararse, separarse del mundo, predicar el mensaje de salvación.

No duerman, hermanos, no se extravíen, no se dejen engañar, porque nuestro Señor no murió en balde, su palabra no es arenga política y su señorío no es compartido con mortal alguno. Cada quien examine su proceder y no puede la iglesia manchar sus vestiduras por hacer actos mundanos que nada aprovechan y sí el enemigo se regodea de tal acto de insensatez.

Que la sabiduría, la gracia, el perdón y la inteligencia de nuestro Señor Jesucristo sobreabunde en aquellos que lo necesitan, amén.

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