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Editorial 635: La ruindad que causa una lengua desatada.

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    Cuerpo Editorial
  • hace 18 horas
  • 6 min de lectura

Amados lectores y hermanos, que el amor, la gracia y la sabiduría de lo Alto, dadas por Jesucristo estén en su espíritu completamente, amén.

El Señor nuestro, Salvador, Rey y Obispo, es también Maestro de lo bueno, en este caso, Sabio y Prudente. A pesar de que en muchas ocasiones fue tentado y provocado para ser hallada en él alguna palabra ociosa e incriminadora, nunca la hallaron y, por tanto, tergiversaron una expresión profética suya sobre su cuerpo intencionalmente declarando qué él destruiría el templo.

Si él, lleno del Espíritu Santo y perfecto en los caminos de Dios, le condenaron a la muerte por su silencio, por las pocas y muy exactas palabras que dijo ¿qué habría sido de él si hubiese proferido mensajes viscerales, ataques personales y expresar deseos incorrectos al calor una emoción desenfrenada?

Es ahí donde entra todo el género humano. Creyentes y no creyentes, al ser humanos están sujetos a esta situación. Solamente por la investidura del Espíritu Santo y nivel de santidad es como los creyentes estamos siendo liberados de esta penosa realidad.

Ejemplos en la realidad sobran: gente famosa en los ámbitos político, económico, artístico, cultural, deportivo y mediático han caído y sido derribada por su incapacidad de refrenar la lengua.

Ya desde tiempos antiguos se sabe que el Espíritu Santo habla el mensaje correcto y sin necesidad de ayuda humana:

2ª Samuel 23:2: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, Y su palabra ha estado en mi lengua.

Una lengua contenida procura gracia y control a quien la sujeta:

Job 27:4: Mis labios no hablarán iniquidad, Ni mi lengua pronunciará engaño.

En tanto que una lengua sin bozal, fomenta el mal, debido a la naturaleza caída de la carne:

Job 20:12: Si el mal se endulzó en su boca, Si lo ocultaba debajo de su lengua,

Job 31:30: (Ni aun entregué al pecado mi lengua, Pidiendo maldición para su alma);

Salmos 5:9: Porque en la boca de ellos no hay sinceridad; Sus entrañas son maldad, Sepulcro abierto es su garganta, Con su lengua hablan lisonjas.

Salmos 10:7: Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; Debajo de su lengua hay vejación y maldad.

Salmos 12:4: A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos; Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?

Salmos 52:2: Agravios maquina tu lengua; Como navaja afilada hace engaño.

Salmos 52:4: Has amado toda suerte de palabras perniciosas, Engañosa lengua.

Salmos 57:4 Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; Sus dientes son lanzas y saetas, Y su lengua espada aguda.

Salmos 64:3 Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga,

Salmos 64:8 Sus propias lenguas los harán caer; Se espantarán todos los que los vean.

Salmos 73:9 Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra.

Santiago 1:26: Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.

Santiago 3:5: Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

Es por eso que Alguien externo y ajeno a nosotros en esencia y materia, el Espíritu Santo, puede apoyar en su control y dominio. Se entiende la intrínseca, pero subvalorada necesidad del hombre para encontrar esta solución de evitar esta calamidad en vida:

Génesis 11: 6-8: Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

Job 5:21 Del azote de la lengua serás encubierto; No temerás la destrucción cuando viniere.

Salmos 34:13 Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño.

Salmos 39:1 Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí.

Proverbios 10:20 Plata escogida es la lengua del justo; Mas el corazón de los impíos es como nada.

Proverbios 10:31 La boca del justo producirá sabiduría; Mas la lengua perversa será cortada.

Proverbios 12:18 Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.

Proverbios 18:21 La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.

Proverbios 20:19 El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.

Santiago 3:8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

1 Pedro 3:10 Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño;

Salmos 37:30 La boca del justo habla sabiduría y su lengua habla justicia.

Salmo 64:2-4: 2 Escóndeme del consejo secreto de los malignos, de la conspiración de los que hacen iniquidad, Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen.

Es por eso que el Señor Jesucristo es Maestro en refrenar la lengua para no proferir cosas vanas. Nadie más tiene esta potestad en la Tierra ni en los dominios espirituales de enseñar esta habilidad.

Salmos 120:2 Libra mi alma, oh Jehová, del labio mentiroso, Y de la lengua fraudulenta.

Salmos 126:2 Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos.

Proverbios 12:19 El labio veraz permanecerá para siempre; Mas la lengua mentirosa sólo por un momento.

Juan 19:9-10: 9 Y entró otra vez (Poncio Pilato) en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. 10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?

Marcos 7:33-35: 33 Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34 y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. 35 Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

Lucas 1:64 Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.

Juan 8:43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

Hechos 2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Filipenses 2:10-11 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Proverbios 15:4 La lengua apacible es árbol de vida; Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.

1 Juan 3:18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

Como podemos ver, amados hermanos, nuestra lucha es contra nuestra propia lengua, que no permitamos que la carne se adelante al Espíritu para hablar verdad. EN NINGÚN CASO, BAJO CUALQUIER CIRCUNSTANCIA la carne puede ayudar en algo. Tiene que ser refrenada total y completamente, porque el Espíritu no es alma, corazón o mente. Es la parte de la Deidad viviendo en en nosotros y como no son materia física tienen más poder y conocimiento que el límite de lo natural.

La lengua causa ruindad a quien no la controla. Provoca malestar, desazón, miedo, derrota, enemistad, enfermedad, locura, soledad y, en el peor de los casos, la muerte.

No es propio poner casos de seres que ya padecieron esto que se ha escrito, pues el Espíritu en sí mismo ya es sabio y en esta confianza se sabe que todos serán instruidos conforme a la personalidad de cada quien, en acuerdo con la lucha de renunciación que cada cual tiene de no hablar más de la cuenta. Humildad, fe, oído fino y mente entendida y dócil a la enseñanza se requieren.

Que la sabiduría, la gracia, la paz y la inteligencia de nuestro Señor Jesucristo sobreabunde en aquellos que lo necesitan, amén.

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