El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo
- Cuerpo Editorial

- 20 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Amados hermanos nuestros: que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
En el anterior blog vimos y comprendimos que necesitamos ser criaturas nuevas, transformados y que nada de lo natural, viejo o terrenal sirve para los propósitos del evangelio y la vida en Cristo Jesús, Señor nuestro, en cuanto a base, desarrollo y fortaleza.
Para quien todavía duda o alberga desacuerdo, le invitamos a leer el siguiente pasaje, hallado en Marcos 2:23-28 que dice:
23 Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. 24 Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito? 25 Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; 26 cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? 27 También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. 28 Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.
Puede notarse que los discípulos fueron comandados por Jesús a recoger espigas, esto con el fin de moler los granos y hacer masa para cocinar pan y tener su sustento de alimento. En sábado, día sagrado para los judíos, se tiene estipulado no trabajar por la ley impuesta hace siglos por Moisés, siervo de Jehová.
Entonces ¿Jesús promovió la desobediencia a esa ley escrita? ¿Olvidó que estaba esa ley? ¿Por qué habría el Señor pedido tal acción a sus discípulos?
Por necesidad, por amor y por poder de autoridad. De por sí, andar en día de reposo no era ya bien visto -pero claro, con pagos, dádivas y sobornos se solucionaba el problema en algunos casos- siendo ellos pobres y sin alcurnia eran blancos fáciles del escrutinio religioso. Dicho y hecho: llegan los fariseos y con la ley en sus labios fustigan a Cristo, sobre la comanda de recoger espigas.
Pero nuestro amado Señor Jesús tenía la obra dada por el Padre para dar testimonio, sabiduría y verdad sobre el significado real de esa ley y su potestad de hacer lo que mejor le parezca en cuanto a hacer el bien a la Humanidad.
Por principio de cuentas, les recuerda el “pecado” de David cuando, huyendo de la ira del rey Saúl, el mismo Jehová no le imputó pecado sobre los panes de la proposición comidos por él y su séquito, donde el sumo sacerdote tampoco impidió su acceso a estos.
¿Por qué? Por necesidad extrema, tanto en el tiempo de David -vida o muerte, los discípulos, -vida y salud- y ahora en estos tiempos de gracia -vida espiritual o condenación- está un talento que Dios valora mucho: LA MISERICORDIA.
Si David no hubiese comido de ese alimento físico, él y sus allegados habrían desfallecido y siendo alcanzados por enemigos, ser muertos.
Si los discípulos no hubieran recogido esas espigas, habrían desfallecido y no habrían completado su faena del día; había que comer y las leyes naturales se cumplen hasta que Dios prenda fuego a todo esto y sea renovado.
Si ahora no fuéramos libres de esta cadena religiosa, prácticamente ningún gentil sería salvo, incluidos nosotros.
Nuestro Padre, por una regla, no dejará en desamparo a los que se aferran a seguirle. Mucho menos de reglas humanas. El Señor Jesucristo en ningún caso aceptará condiciones de mortales para no salvar o a considerar opiniones de gente que se cree sabia.
Luego, como Maestro les enseña que esa regla fue hecha por causa de la rebeldía del hombre. El día de reposo era en realidad una atadura porque la necedad del hombre era obedecer por obedecer, era transgredir o sobornar para acallar, en muy pocos casos se aplicó la fe y la esperanza en el Dios Vivo, cada quien vio por su propio beneficio o prejuicio; las obras eran por la carne y no por la fe. Así, ellos veían una obligación condenatoria y no una puerta de amor y piedad. Por eso juzgaron e impusieron una falsa carga de pecado sobre el accionar de los discípulos. Nunca se detuvieron a pensar que lo hacían por necesidad de comer, lo que habla de la dureza de cerviz e incircuncisión de corazón por parte de los fariseos.
Veían lo que querían ver, no veían la causa sobre la cual ellos debían trabajar.
Otra revelación hecha por el Espíritu al respecto es que en los asuntos del Señor no hay día de reposo. Todos los días hay que trabajar en recoger la mies (almas para Cristo). Todos los días hay necesidad de orar, rogar, clamar, dar testimonio, sufrir agravio, caminar el camino porque, como en ese día, no hay tiempo que perder. ¿Se imaginan hermanos, solamente orar y rogar el día de la reunión y el resto de la semana olvidarse completamente de Cristo y su palabra para atender asuntos personales? Entonces, ¿se tienen seis días y medio de reposo y solamente medio día para el Señor?
Y esto lleva a la conclusión poderosa dicha por el mismo Señor Jesucristo: que él es Señor aun del mismísimo día del reposo, porque el reposo no es un día, es él mismo. NO ES una fracción de tiempo: es una realidad. No es una acción, es una esencia. Creyendo en nuestro Señor Jesucristo, automáticamente estamos en el tiempo de reposo, nos da la libertad de ser ahora colaboradores suyos y nos da la potestad de recoger cuantas espigas sean necesarias conforme a nuestro propósito porque todavía hay tiempo para hacerlo.
Nadie puede dictarnos horario, forma o manera de ser luz, sal y potestad de ser hechos hijos de Dios. El mismo Cristo nos da esa maravillosa encomienda, amados hermanos. Ya no tenemos hambre como David la tuvo, tampoco ya somos juzgados por obedecer los mandamientos de nuestro Señor Jesús y siempre gozosos viviendo la vida espiritual en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Así que, amados hermanos, la ley no nos domina, sino que somos renovados y fortalecidos para cumplir el camino excelente: la vida de Jesucristo, Hijo de Dios, viviendo en nosotros.
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.

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