El segundo anuncio de la muerte de Jesús

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén.
Queremos dar gracias al Padre y a nuestro Señor Jesucristo porque conceden que seamos dignos de seguir escudriñando las escrituras y en el Espíritu Santo comprender los designios de Dios.
Nuestro Señor Jesús es el poseedor de todo conocimiento y sabiduría y ya desde su figura humana demostró que sabía y entendía los tiempos venideros. El Hijo de Dios dio pinceladas de dominio sobre el tiempo, el espacio, la materia y lo espiritual. Leamos con atención lo escrito en Marcos 10:32-34, que se lee así:
32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer:
33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; 34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.
El hombre trata de emular el poder de predecir el futuro y anunciar el devenir de los tiempos en forma poderosa y personal como solamente es potestad del Hijo de Dios, nuestro Señor, Salvador y Maestro.
Pero solo nuestro amado Cordero que fue inmolado es capaz de ir al frente de todos y decirnos con soltura lo que se venga, sin miedo, como fue el caso de quienes lo oyeron hablar con autoridad respecto a la maliciosa pregunta de los escribas.
Los que seguían a Cristo en la carne tenían miedo, porque creían que era imposible seguir a Dios si el Mesías no era consecuente con el pensamiento de ellos. No poder dejar de amar las riquezas por sobre Dios implicó mucha batalla espiritual, como ahora también no puede descartarse de esto, que el dinero abundante, las finanzas prometedoras y las posesiones pareciera ser el fin del evangelio.
Por eso es que este amor por lo material provoca miedo a lo espiritual, dado que cuando Jesús de nueva cuenta advirtió lo que se venía de ser entregado, vapuleado, escarnecido y finalmente muerto generó incertidumbre y desesperanza. Espiritualmente hablando sobre el efecto de la renunciación, santidad y obediencia en la vida del ser humano que confiesa a Cristo también es un clamor de muerte anticipada (esto es el viejo hombre que tiene que morir sacrificado y resucite en nosotros el nuevo hombre, el espiritual que no tiene contactos ni apego con lo material y físico.
Nosotros también, así como Cristo -se puso delante y afirmó lo necesario de la muerte suya por medio de entregar su vida a sacrificarse por el alma de muchos- se sintió orgulloso de ser digno de obedecer, lanza una recompensa y promesa a quienes prometen y dejan morir su antiguo yo a través de la renunciaciòn. Jesucristo detalló sin lugar a dudas el cómo y cuándo sucederían estas cosas y nada tiene que ver con la falsa “buena suerte” en su inspirador mensaje profético que nos dio la potestad de, cómo Él, tras morir, seamos resucitados.
Tras la confesión y bautismo, se muere el viejo “yo” entregado a los placeres y el mundo y el nuevo “yo”, sometido a Cristo y su palabra nace de lo que deja de ser para ahora ser y permanecer.
Por tanto, no tengamos miedo a anunciar con convicción de amor, fe, fortaleza y confianza la muerte a nuestras viejas prácticos y antiguos modos o hábitos de procurarnos placer y ahora dedicar nuestra existencia a honrar al Padre, Creador de los Cielos y la Tierra, y a nuestro Salvador, Señor, Maestro, Obispo y Pastor Jesucristo, Hijo del Dios Vivo, amén.
Que el amor, la gracia y la misericordia de Cristo Jesús, nuestro Señor, sea en todos ustedes amados hermanos, amén.

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