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El testimonio del hombre gadareno

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 4 días
  • 5 Min. de lectura

Amados hermanos nuestros: que la paz, amor y gracia del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu rebosante, amén. 

Comenzamos el análisis a la luz del evangelio del capítulo 5 del evangelio revelado a nuestro amado hermano Marcos y por el Espíritu Santo redactado para nuestra edificación. Los discípulos del Señor Jesús apenas estaban asimilando el portentoso hecho de que nuestro Señor tiene el poder de calmar cualquier tormenta y son guiados a otro poderoso acto de fe, autoridad y dominio.

Llegan al otro lado del mar, a la región de los gadarenos, Gadara, ubicada en ese entonces al sur-sureste del mar de Galilea. Mientras descendían y se aproximaban al sendero para seguir caminando, sale a su encuentro un varón, lleno de demonios, cuyo historial y fama eran muy reconocidos. Pero no tenía buena fama. Tenía ya mucho tiempo que este varón había sido atrapado en sus pensamientos, mente, alma y corazón por un demonio, y luego por muchos.

Este varón era temido y había sido incluso arrestado y pretendido someter por autoridades y hombres de la región, temerosos de su condición perdida y peligrosa. Pero mejor ahora, leamos este pasaje lleno de sabiduría: Mateo 5:1-20 que dice:

Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. 10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. 11 Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. 12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. 14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. 15 Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. 16 Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. 17 Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. 18 Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19 Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.

El hombre, así como es depositario del Espíritu Santo para obrar el poder de Dios en las cuestiones terrenales, también puede ser poseído por espíritus del mal, que los atormentan. Este hombre tuvo el desagradable momento de ser intervenido por muchos que le ocasionaban daño físico y mental, alejarse de la presencia de Dios y ser aborrecido por sus congéneres.

Y al ver a Jesús, corre y se pone en contacto con el Hijo del Hombre quien lo libera al reprender a esos espíritus y conminarlos a salir de ese cuerpo. Ellos le reconocen como lo que es: el Hijo del Dios Altísimo. Ruegan por lo que no hicieron, pidieron tregua y no querían ser atormentados por la presencia de Cristo. Jesús indaga la condición de este hombre y los muchos demonios se presentan como “Legión”.

El Señor vino a libertar personas de sus demonios, de sus espíritus debilitantes, de sus inseguridades y de sus encierros y limitantes. Pero estos espíritus ruegan y claman que sean enviados a un gran hato de cerdos, que refiere la palabra son 2 mil. Son cuidados por sus apacentadores relativamente cerca de donde este hombre está con Cristo y sus discípulos. Piden permiso para intentar meterse en ellos, pues el cuerpo del hombre ya es propiedad de Cristo y ellos ya no tendrían cabida en él.

Concedida la petición se introducen en esos 2 mil cerdos y estos, enloquecidos se tiran al mar, pues ellos no poseen inteligencia. No es natural que un animal sea poseído de esa manera y se despeñan. Naturalmente mueren y estos demonios son dispersados de nuevo al aire, lejos de la influencia del Señor Jesús.

Los apacentadores huyen hacia el pueblo de donde son originarios a contar este hecho y el hombre, viéndose desnudo, frágil y débil, es restaurado por el Señor. Recibe consuelo, cuidado, alimento y lo más importante: amor, redención y palabra de vida. Paz, descanso y gozo. 

El testimonio de este hombre fue que, a pesar de su condición lastimosa donde nadie lo amaba, nadie vio por él y nadie se preocupó, sino que lo quisieron amarrar y dejar a su suerte atado hasta que dejara de ser acechador, tuvo que venir el Hijo de Dios a salvarlo de su pésimo estado. Y no solo eso, que fue despreciado aun mas siendo hallado cuerdo y restaurado.

Los lugareños, en lugar de tener fe, tuvieron miedo. Perdieron a sus cerdos, perdieron el sentido de su miedo y rechazaron a Jesús en su vida. Lo expulsaron y él se subió de nuevo a la barca para regresar al otro lado del mar nuevamente. Lamentablemente nuestro Señor, su palabra, su amor y su misericordia no tienen cabida en ciertos corazones, que prefieren el miedo a ser liberados. Irónicamente, el hombre fue salvo a pesar de sus demonios y aquellos gadarenos se vieron perdidos, a pesar de estar cuerdos.

El hombre quiso irse con Jesús, quien no se lo permitió. ¿Por qué? Porque aunque él fue rechazado, enviaría a este hombre, a los suyos a su región a que predicara su testimonio de vida. La región de Decápolis ahora estaba en manos de este ferviente creyente, quien en el resto de su vida se dedicó a ser otro mediador de Cristo en esas épocas. Por su nula fe, quien daba voces entre sepulcros de piedra, ahora daría voces entre sepulcros humanos. Y el remanente en Decápolis sería alcanzado por este varón enviado por el mismo Cristo.

Amados, si Cristo es rechazado una vez, habrá más de una forma en que el evangelio llegue a toda región, pueblo, lengua y cultura. Si no es de una forma, lo será de otra. Y si no, será de aquella, hasta que todos sean notificados en vida.

La enseñanza es que aunque nuestro amado Señor no sea recibido, su palabra llegará como quiera. Tarde o temprano.

Jesús se fue y se quedó el varón con mucha encomienda de predicar las grandes cosas que el Señor hizo con él, y cómo fue salvo por misericordia. Nos gozamos plenamente con este maravilloso hecho de amor.

Que el amor, la gracia y el poder, además de la fe en el Señor Jesucristo sea pleno en ustedes, amados hermanos, amén.

Editorial 619, Marcos 5, Jesús, Endemoniado, Restauración, Salvación, Legión, Cerdos.

 
 
 

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