La bendición de Jesucristo es insuperable
- Cuerpo Editorial

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Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amen.
Leer este tipo de milagros puede hacer parecer que las vivencias de aquellos seres humanos son hermosas pero no posibles. Los insensatos y enemigos de Dios incluso negar su veracidad arguyendo pretextos y opiniones perversas.
Lo verdadero es que no importa que algunos rechacen y vociferen mentiras, sino que los que creemos sabemos que es verdad suprema de los cielos.
En este caso, similar al anterior de los 5 mil, ocurre en un contexto diferente. Decía aquel relato que salieron de villas y ciudades y le buscaron. Ahora, el Señor comenta a los discípulos que no es su voluntad enviarlos vacíos.
Sabe por el Espíritu Santo que muchos vinieron de muy lejos, e incluso advierte que si no hace algo al respecto, ellos sufrirán percance. Leamos, por favor el texto dado en Marcos 8:1-10 para la honra y gloria al Señor.
1 En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: 2 Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; 3 y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. 4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto? 5 Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. 6 Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud. 7 Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. 8 Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. 9 Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. 10 Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.
Como se comentó anteriormente, la misericordia y poder de visión del Señor, así como su sabiduría y su potencia son imposibles de medir o comprender. Aún estando en carne, discernió sobre el propósito de hacer semejante bien a estos millares.
Nunca Jesucristo nos dejará en desamparo. Sabe nuestro desempeño, devenir y conoce nuestras carencias y precariedades. Es consciente de nuestra lucha. Entonces decide alimentarnos, para tener fuerzas de continuar el camino de regreso a casa, es decir, nuestra eternidad con él.
Salimos de Dios y ocupamos un volumen material que llamamos cuerpo. Jesucristo nos limpia, purifica y sella como parte de la familia espiritual de Dios. Nuestro Padre amado nos restituye en lo material y nuestro amado Salvador nuestro en lo espiritual. El comer espiritualmente es análogo en beneficio al entorno material. Comer a Cristo es labor diaria. Si tenemos hambre de él, salgamos de nuestros pensamientos y así le encontraremos. Quitémonos de religiosidades, de fábulas impropias, de pretender seguir siendo bebés cuando ya deberíamos tener algún grado de crecimiento.
Amados nuestros: sobró alimento: Siete cestas. Es decir, el repuesto para la siguiente jornada. Esas siete cestas son el alimento para las futuras generaciones de creyentes, en las diferentes épocas. Cuando nuestro amado y bendito Señor nos bendice, lo hace a manos llenas, en su soberana voluntad a sus escogidos, sus amigos y ovejas dispersos en todo el orbe.
Son los siete espíritus de la iglesia que dan el testimonio de confesar y predicar a Cristo Jesús a quienes todavía no le oyen.
La multitud fue alimentada de pan, peces y de palabra de vida. Ellos llevaron este testimonio y favor a los suyos, las siguientes generaciones. Y así nosotros ahora. Confesar la verdad: que Jesucristo, el Hijo de Dios es nuestro pan de vida que nunca cesa y mantiene a nuestro Espíritu en poder de oración y vivir a Cristo.
Amados, mantengamos vivo este milagro siendo todos alimentados de nuestro Señor Jesucristo rogando con fe, buscando su sabiduría en la edificación de la palabra hallada en el nuevo pacto y no contristando al Espíritu por seguir y preferir mundanidades.
Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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