top of page

Tú eres el Cristo

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 18 horas
  • 4 min de lectura

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén. 

De nuevo el copista no da crédito a lo importante, sino a lo humano. Menciona en su título erróneo: “la confesión de Pedro”, como si Pedro fuese alguien relevante. Fue un siervo, carne como nosotros, discípulo imprudente; pero escogido por el Padre, confeccionado y hecho para nuestro Señor Jesucristo, a fin de transformarlo delante de nuestros ojos (espirituales) y mente, para que se cumpliesen muchas escrituras. Es por eso que este varón, hecho apóstol por el poder y gracia del Espíritu Santo, con sus falencias fue usado para externar las hermosas palabras, la confesión de creer en Jesucristo y confesarle como quien realmente es.

La lección es muy sencilla, como también nuestro amado hermano Marcos por el mismo Espíritu nos lo hace ver tras leer Marcos 8: 27-30:

27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo. 30 Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.

Este es el valor de la lección del día de hoy. Pedro representa a todo humano preparado por Dios, enseñado por Cristo y guiado por el Espíritu Santo con el objetivo de ser depositarios de la verdad.

El Señor Jesucristo rechaza a nadie que le llega, porque todos son dádivas de Dios a él; a nadie dice “no” por cuanto son dignos de ser salvos, porque unos son elegidos y otros los valientes que arrebatan la fe a aquellos que son falsos en su creer.

La doctrina para analizar es esta: El Señor Jesucristo tiene muchas características, muchos títulos y muchos reconocimientos; sin embargo, solo el título de Cristo, el Hijo del Dios Viviente otorga y da la salvación.

Adorarle bajo este precepto, coronarlo con esta honra y declamar con todas las fuerzas esta potencia suya, nos hace parte de su familia, de su reino y de su eternidad. Vivir y sentirse identificado con esta potestad nos hace merecedores de saber todavía más, de entender que lo que hay aquí nada vale y que lo espiritual es lo que en verdad vale el esfuerzo de obtener.

Para unos, es un filósofo, un religioso, un transformador de conciencias, un ser divino más, una idea o nada. Para otros es un profeta, un revelado, un ser grandioso, un objeto de estudio, un rival y un tropiezo. Pero para nosotros Jesucristo es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, quien murió por nosotros para resucitar al tercer día y ahora reina triunfante en la diestra del Padre.

No obstante esto, muchos se niegan a oír para saber y conocer y así creer y ser salvos.

De hecho, el Señor Jesús esconde este tesoro de los malos, los religiosos y los teólogos. Les dice a sus discípulos que a nadie digan esto, porque en aquel tiempo, el pueblo todavía no era visitado en su totalidad, el Señor todavía no había probado la muerte y no era bueno suponer que él sería carne por siempre.

Adoramos a Cristo en espíritu porque es Espíritu. No porque sea un ser material, tenga sustancia física y pueda ser visto con estos ojos que podemos leer este texto. Al Señor Jesús se le adora porque no puede ser visto, pero sí creído y esto es la fe. Por tanto, ahora sí que podemos decir esto, ahora que él ya está sentado y ya murió y ahora esperamos a que regrese.

¡Ay de aquellos en esos días futuros que nieguen a Cristo y le vean venir de los cielos! Que las nubes se corran cual telón de teatro y vean la potencia de su tragedia venidera hecha realidad. Todo ojo le verá, la minoría será de gozo y la mayoría, de terror y asombro. Por eso hoy, clamamos a quien no es visible pero existente en nuestro corazón, para que, tras dormir, seamos despertados por él y verlo como cual es y amarlo como él nos amó primero.

Amados hermanos, el Cristo es el Redentor, es el Profeta que cumplió y sucedió a Moisés en la enseñanza de la cátedra; es quien dice a Aarón y a Melquisedec: “Gracias, son relevados de su función entren al gozo de su Señor”; es quien dice a los profetas: “Vayan en paz, benditos de Dios, que ahora Yo, Jesús, hablaré en nombre de mi Padre, y como está escrito, toda palabra dicha será verdadera y anatema quien la desprecie”. Es el Rey de Israel y terminará de acomodar todas las cosas, se unirá a su esposa fiel elegida por él y a todos los enemigos de Dios los someterá por siempre y para siempre, amén.

Él es el Testigo del Verdadero que habla solo Verdad, Rectitud, Justicia y Amor a los hijos de Dios.

Él es Jesucristo, en quien creemos y en quien tenemos toda nuestra vida, mente, corazón y alma dispuestos totalmente a Él.

Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

Comentarios


Si tiene alguna duda, sugerencia o comentario, no dude en ponerse en contacto con nosotros al siguiente correo: lasanadoctrina2014@gmail.com

 2026 Buenas Nuevas, Mty. Mx.

bottom of page