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¡Cuán difícil es entrar al reino de Dios a los que confían en las riquezas!

Foto del escritor: Cuerpo Editorial
Cuerpo Editorial
hace 2 horas
5 min de lectura

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sean con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén.

Nos gozamos en la presencia de nuestro Dios y Padre; en nuestro Salvador precioso Jesucristo, Hijo del Dios Altísimo y la unción del Espíritu Santo sobre y dentro de nosotros, amén, que nos concede vivir en la pobreza que nos da gracia, en la humildad que nos da santidad y en el contentamiento que nos da espiritual conocimiento.

Lamentablemente muchos no piensan así. El diablo ha sido dolorosamente muy eficiente en inculcar el dogma clandestino de la prosperidad y riqueza en las iglesias. El hombre desde que fue echado del paraíso ha buscado elementos en los cuales colocar su fe, esperanza y confianza en lugar de Dios.

Uno de estos elementos es la riqueza. La posesión de artículos físicos llamados tesoro, dinero, monedas, recursos, materiales, ideas o pensamientos que acumulan en cantidades ingentes hace creer que el tenerlos bajo control proporciona seguridad, inmunidad y potestad sobre situaciones y momentos.

El relato empieza cuando Jesús, después de bendecir niños y dar testimonio en tal pueblo, decide salir para seguir con su agenda de predicación. En este instante se le aparece un joven millonario quien a gritos le pide audiencia y trata un asunto personal con él. Nuestro Señor accede y le escucha atento. Luego, contesta a su pregunta y le hace una última petición la cual el hombre no quiere cumplir y se aleja triste. A partir de esto, el Señor promulgó una profecía y enseñanza vigentes hasta hoy.

Para saber de qué se trata, veamos el fundamento en Marcos 10:17-31, y se cubrirá este tema en tres partes: 

17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20 Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.

21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.

28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. 29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.

La primera, que es Marcos 10:17-22, dice:

17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20 Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

En esta primera lección, vemos que este joven hacía las buenas obras no tanto para servir a Dios, sino a sí mismo. Creía que por sus acciones tendría gracia suficiente, y aunque la Biblia menciona que Jesús le amó, era porque obedecía los mandamientos de su Padre, quien era intachable hasta ese punto entretanto le explica el verdadero ser de Cristo: un ser auténticamente libre, no atado a cosa material para ser salvo, santo y bien amado del Señor.

Veamos los mandamientos declarados: entre los primeros diez, dados al pueblo por Moisés. El adulterio, el matar, el robo, el ser falso testigo, el defraudador y ser un hijo que honra a sus figuras de autoridad paternales son los casos en los que el Padre tiene misericordia de entre los hombres que observan estos mandamientos y nunca se les ha imputado algo.

Cuando el Señor llama, estos hombres y mujeres son dóciles de oído, pues ya guardan celosamente los mandamientos de nuestro Maestro Jesucristo sin saberlo, pues sus frutos hablan de ellos.

Entonces el joven le replica y comenta que esos mandamientos son cosa natural en él, al haber sido moldeado de esa manera y con tal confianza se aprueba a sí mismo como merecedor de la vida eterna.

Por eso el Señor enseguida le amó. Esa seguridad y convicción de sus acciones y ese valor de pedirle audiencia delante de todos era de admirarse. Por eso, acorde con su ministerio, le da el precio a pagar por tal solicitud de tener parte y suerte con la vida eterna:

  1. Vender todo lo que tiene

  2. Dar todo ese valor monetario  los pobres y vivir en la pobreza

Y a cambio:

  1. Tendrá tesoros en el cielo

Mediante:

  1. Tomar su cruz y seguirle

Y aquí es justo donde se rompe la ilusión de que las obras en sí mismas son las que dan gracia. Este joven se marcha triste y ya no se queda, porque fue confrontado con lo que la riqueza no compra. Ahí el joven que fue trastocado su corazón, en el fundamento de su seguridad y confianza no haya más que hacer que eso. Y ese es el problema, muchas de estas personas, consideran que los aprecian más es un poderoso factor que vale la pena conservarlo a toda costa.

El joven se marchó porque no estaba listo para ser salvo. El siguiente paso le puso triste porque su primer acto de ser como Cristo no lo superó en su requerimiento, dejándolos a todos perplejos.

En el siguiente bloque, veremos la respuesta de que nuestro Señor responde a este estímulo humano.

Que el amor, la gracia y la misericordia de Cristo Jesús, nuestro Señor, sea en todos ustedes amados hermanos, amén. 

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