Servir y no ser servidos

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amén.
Como se vio en el anterior blog, vemos que nosotros en la carne, en ocasiones pedimos y no necesariamente recibimos debido a que las peticiones están fuera de la proporción espiritual y se enfocan en asuntos mundanos, vanos y de poca o nula importancia espiritual. También para tratar de solventar cosas del ego o porque la vista y corazón están puestos en las cosas de abajo y no en las de arriba.
En Marcos 10:41-45, se lee la segunda parte, lo que hace que reflexionemos sobre cómo realmente pedimos y si lo que pedimos se acerca o no a la Voluntad de Dios:
41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. 42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
¿Por qué el Señor Jesús lo planteó así? Porque vio cómo la imprudencia de Jacobo y Juan -pues ellos todavía no estaban llenos del Espíritu Santo- desató la ira y recelo de los demás discípulos contra ellos. Y esto porque creyeron que ellos serían ensalzados y los demás no ser tenidos en cuenta.
Y esto es una actitud natural y esperada por cualquier ser humano en la carne, guiado por su propio intelecto cerebral. Incluso el Señor Jesús resalta que es normal que los hombres busquen ser el primero, los alabados, los reconocidos y los vitoreados, conforme a la vanidad y el ego de tales humanos. Se reconoce que es verdad esta normalidad, no que sea buena.
Sin embargo, en el ámbito espiritual no es así, sino lo opuesto. Como ya se explicó en otro blog reciente, se tiene la revelación que quien sirve aprende a amar y a solventar lo ajeno antes que lo propio, lo que implica un sacrificio de amor y renunciación. Esto genera un desprendimiento de soberbia, erradicación de orgullo, eliminación de vanidad y se asegura la no auto complacencia egoísta.
En virtud de lo anterior, se estima necesario dar prioridad al hermano, al prójimo en el servicio para fomentar la unidad, la cohesión y la ayuda mutua. El servicio es lo único que engrandece, es lo único que propicia el compromiso, lealtad y responsabilidad. Pues los demás también se sentirán atraídos y agradecidos con tales gestos que el mundo jamás haría.
Ahí radica la victoria de Cristo sobre el mundo en este aspecto. Si nosotros nos dedicamos a ver las cosas de arriba nuestro Padre resolvería las cosas de abajo por nosotros debido a Su gracia y amor.
Así que hermanos: a servir y no ser servidos. El propio Señor Jesús nos lo puso como ejemplo fehaciente de esto. Si lo hizo él ¿Por qué la hermandad no?
Que el amor, la gracia y la misericordia de Cristo Jesús, nuestro Señor, sea en todos ustedes amados hermanos, amén.

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